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No. Ya no recordaba lo que era sentir el calor de una dulce mujer. Había olvidado por completo lo que era buscar bajo la lluvia el beso perfecto. Nada de querer recordaba, nada de sentir, de volar. Menos de entregar.

El esperar fuera de su casa, el verla salir. El acompañarla un rato por la tarde sólo para ver como muere de la risa con mis chistes. Sentir su aroma, y que de golpe esté abrazando tu pecho, el extrañarla porque si.

Cuando la conocí sabía que terminaría adorando sus labios, sus caderas, sus ojos provocadores. Porque los son, todo de ella me provoca, hasta el sonido de sus tacones a media noche o apunto de amanecer. Entendió bien mi dolor.

Logró calar hondo su poco tiempo de estadía. Esta historia me dejo aquí, a unas cuadras de su casa, en el mismo auto sólo para verla pasar.

Todo esto lo recuerdo bien. Cuando la pena inundaba sus ojos las veces en que debía ver a esa otra mujer por obligación. El susurro de su voz mientras recorría su espalda. Las noches, los ojos, los desvelos, los tragos de más, el amanecer entre sus cuentos y risas pegajosas.

Su lunar en el abdomen.

El sentir que cada día me importaba más.

Hoy aquí y con las manos en mi rostro de testigo, no me lo puedo explicar. Sentí el dolor de sus pasos al final de la historia, yo no hice nada al respecto. Debía dejarla ir. Siempre tendré presente el recuerdo intacto, cuando ya nadie vuelva a salvarme la vida; porque a veces las relaciones más hermosas y fuertes no son las que fingen amarse cada segundo tomados de la mano, ni menos aquellas a las cuales les dedicas llantos, horas y preocupaciones; sino esas en las que encuentras la necesidad de una escapadita del mundo, un beso a escondidas, un te quiero medio borrado en alguna fotografía, aquellos momentos son las que te ayudan a vivir. Sentir esa sensación de que por unos minutos nada ni nade más importaba, que el mundo se detiene en cuanto cerramos la puerta de la habitación y sólo estamos los dos.

El andar rápido mientras ella me abraza por la carretera, el divertirse,  el huir sin que nadie sepa, todo eso fue lo mejor.

Ni consuelo hay, el tiempo quedo guardado para siempre en una historia que marcó la trayectoria de los infieles. Ella lo dio todo por mí, yo le di todo lo que podía, siempre en silencio. Pero ya no, y desde aquí nunca más, ya no volverás a tener esa sensación de llevar a la mujer mas bonita sentada a tu lado a ciento cincuenta por la carretera.

Desesperanza

Dos de la mañana corazón y acabo de ver esa llamada perdida. Sé que estás esperando hay dentro, y yo aquí a unos cuantos minutos de tu presencia ansioso por aparecer. A estás horas ya tengo mil sentidos muertos. Polvo blanco, pastillas, licor, cigarros, marihuana; todos ellos me retiran de lo terrestre.

Tomé el auto, pisé a más no pude el acelerador y corrí, en menos de diez minutos estaba el mismo lugar que tú. Me topé con un amigo y ya está.  Más polvos blancos que viajan por mi nariz.

Anestesia total para el sin fin de dolores en mi cuerpo. ¿Cuántos grs Son suficientes para amanecer y no volver atrás? te apostaría que el trago que tengo escondido aquí te va a fascinar. Las luces, los focos. Pupilas dilatadas. Ya todo es diferente, sólo falta ahora pasar por ti.

Es de erratas errar inconscientemente, y es por mero placer el errar conciente. Entré al local. La música lo saturaba todo. Te busqué, te vi, te encontré y te volví a perder. Pasé por la barra, por el baño por las escaleras, hasta que di contigo en la puerta. Al fin. Un saludo tan especial mujer que me dieron ganas de explicarte porque no conteste el teléfono a las dos y llegue tan tarde después de las cuatro. Pero da igual. Me dijiste “tengo un regalo para ti” y como los regalos más significativos son ilegales salimos del lugar.

Comenzamos a hablar sobre la noche, la bohemia y la gracia que tiene ella para juntar gente tan parecida. Llegamos hasta una ladera cubierta de pastizal y recibí un gran regalo. Cannabis. Me agrada tu regalo y bastante te diré. Te pasé mi chaqueta, el frío ya era de más. Te reías con cada cosa mientras fumabas, cantábamos cada canción que sonaban fuerte desde los locales.

Ve a buscar tus cosas- te dije envuelto en risas – me miraste y comenzaste a correr tan rápido que no contuve la risa. Me gritaste unos cuantos garabatos y fuiste por tus cosas. Te esperaba acá afuera.

Llamé a un colega. A los diez minutos llego al lugar, me paso las llaves del auto que traía. Un “pásalo bien” fue su mejor respuesta, y mientras tú te subías, los parlantes ahora nos saturaban en privado. Luces y carretera, ciento veinte, ciento cuarenta, ciento cincuenta  marcaba el kilometraje.

Bajamos por hay en alguna licorería. Absenta en este momento es la mejor receta para la felicidad. Luego con un par de líneas terminaré mejor. Cigarros y algunas láminas para entretener la lengua. Ya era hora de buscar algún lugar para divertirse. Conduje hasta el fin de la carretera y dimos con una laguna cerrada y sin mucho alumbrado. Perfecto.

Estacionados empezamos con los primeros sorbos alucinógenos. Lo hicimos todo, bailamos, saltamos, bebimos, fumamos. Cantamos al compás de la música que no conocíamos. Girábamos, comencé a dar vueltas en círculo con el auto.  Cada vez que tu teléfono sonaba contestaba yo, para que nadie supiera donde estabas, o para que simplemente supieran que soy yo el que contestó.

Todo me sobrepasó. Vomité una vez, tú dos. Fue necesaria una dosis en mi nariz para sentirme sobrio de nuevo y seguir con esta labor. Encendí motores, tú un cigarro, todo esto después de vaciar cada gota de la botella.  Diviértete mujercita, aquí todo es par ti. Me reía de ti mientras conduzco, usabas tus gafas raras a las seis de la mañana, no cualquiera podía mirar tus ojos ni menos tu distorsión.

Conducía y conducía. Ya comenzaba a amanecer. Conversábamos mientras el viento helado jugaba con tu cabello. Que bonita eres. No sé si es el efecto del alcohol sobre mí, o sobre ti. Pero de alguna forma te vez bien.

¿Quieres dormir mujer? Te pregunté frenando de apoco para parar. Me miraste con cansancio y me dijiste que si. Busqué el polerón más grande que tenia y te abrigué. No parabas de fumar. Me senté a un lado tuyo, y te abrasé.

¿Por que estás aquí? -Cuestioné.

Lo mismo podría preguntarte yo a ti-

¿Nos veremos algún día? Volví a preguntar.

Créeme que si.

Y la besé, toda la noche la besé.

Infame.

 ¿OK, estás segura de que es esa la hora y no más tarde?-

Ya te dije -suspiró- trata de no traer la música tan fuerte  ¿quieres?

Pasaré por ti mañana, adiós.-

Cinco minutos para las diez de la mañana. El auto a todo esplendor. La música cruzaba las cuadras. Siete de combustible, tres en algunas pastillas y cinco en algo bueno que fumar. Todo aquello lo guarde bajo mis bolsillos.  Ruidos, muchos ruidos de pesares mientras conduzco. Evité la calzada y frenando en brusco me estacioné. Las gafas están de más. está es la dirección creo, ¿Donde está la mujercita de pañoletas y vestidos cortos?

Prendí un cigarro eso de los caros. Cerré la puerta del auto con precaución y me apoyé en el. Cada humeada era un segundo de espera. Reí, vi pasar a tantas mujeres de cuerpazos y voluptuosas, tantas pequeñas y grandes, bellas y no tanto, locas y normales, y a ti. Volví a reír. Definitivamente me quite las gafas mientras caminabas hacia mí. Eres distinta mujercita, te tapas la boca como si tu fueras las única nerviosa aquí.

Diste tres pasos, cruzamos miradas, tu pequeña falda me embobó y sin desperdiciar gente molesta y habladurías, subiste al auto sin chistar. Apagué mi cigarro mientras te cerraba cordialmente la puerta, mire alrededor y prendí motores. Aquí nadie nos vio.

Subí la música, cada parlante era un testigo más, debían hablarnos fuerte, sólo a nosotros dos. Gritarnos la sensación de hacer de lo malo una sensación de verdad. Que sacié. Grítenme que algo he de hacer mal otra vez. ¿Mal, a que le dices mal? ¿A conducir medio ebrio rosando la calzada? ¿A sustanciarme las venas mientras veo la mañana llegar? ¿A consumirme la vida en humeadas felices? ¿O simplemente a querer besar unos labios que ya tienen dueño?

Aquí nada está mal, nada está bien, todo sucede por qué así lo quieren las personas. Qué más da, a estás horas de la mañana el alcohol me deja un poco más alegre. Puedo conducir callado y sin molestarla mientras te maquillas las pestañas. Frené, Frené a más no pude. Ya era hora de bajar. Me gritó un par de garabatos por lo inepto, pero adoro tu rostro cuando te enfadas. Luego comenzó a reír, creo que a fumado también.

Nos bajamos. El pastizal era grande. tú y tu cámara que no paraba de tomar fotos que nadie nunca verá. Tu vestido era ese que yo le había aconsejado, con nuestros tantos mensajes y llamadas, que también, nunca nadie verá. Fumé, fumó. Apenas hablábamos. Ya era suficiente con saber que el estar hay valían dos tiempos muertos, aquellos que quizás ya no vuelvan a estar.

 ¿Te veré está noche? le pregunté acercándome a su rostro. sentados en el capot mirábamos el cielo.

Claro que si, ¿crees que estoy aquí sólo para reírme y no compensarlo? Me respondió con su toque de ironía.

Reí, claro que si, mujeres como tú quedan pocas.

 & la besé.

Así de simple.

Te amo, y quiero que vuelvas aquí, que más puedo decir. Hoy dejo el orgullo de lado. Ya van muchas veces a repetir. Cuantas habrán sido ya, que no ha de creerse ni una de mis palabras. Balbuceo, corrijo, odio, pero te amo. Te cuidé cómo el mejor de mis tesoros, prometí dártelo todo, amanecer cada día en ti, volar entre sabanas, vivirte con amor. Pero no, sólo pude darte lo pude, lo que tenia, nada más. Fue poco lo sé, porque a veces, habían cosas más importantes que escucharnos, entendernos y abrazarnos.

¿Cuando fue la última vez que oímos nuestras voces reír? ¿Cuando fue nuestro ultimo beso real? ¿Cuando fue que realmente nos amamos? ¿Alguna vez lo hicimos de verdad? ¿Amamos de la forma en que debía de hacerse?

Quien diría no, un día así, odie tu presencia, pero quise tu estancia. Odié tus aventuras asquerosas buscando carne y demás, pero quise abrazarte. Odié que prefirieras el tiempo de otras mujeres, pero quise darte de nuevo, todo de mi, e ir hacia ti, preguntarte cómo estás, si lo has pasado bien. Si has conocido a alguien como yo.

Fue el mejor viaje de mi vida. La estancia más pacifica en un mundo con descaros. El escape de lo real para llegar al sueño perfecto. Te amo, que más puedo decir.

Gracias por hacer de mi historias, algo verdadero. Gracias también por creer en mí, viendo cada herida que tenía dentro. Gracias por acompañarme en cada momento, por entender mis defectos, por hacer de mí, una mujer.

 Da igual todo, aunque en éste momento estés lejos por hay, haciendo lo que yo odiaba, yo estoy acá, haciendo lo que amo.  Pero recuerda bien, que un día así como hoy, no te amé, no me amaste, no nos amamos. Fuimos sólo uno los dos.

Condena.

Soy escritor maldito dentro de una hembra. Disección de las penas y despedidas. De los gritos y esperanzas, del desamor y sus cartas. Maldito si, cómo yo ha de querer sin ningún adjetivo innecesario. Creé las noches con soles, las lunas con mañanas, el viento entre mareas, los mares tragando cielos. Procreé las sílabas cómo dedos contemporáneos. Tracé el sexo escrito y las caricias tácitas. Sobrepuse el fuego del agua, volé con rocas, pinte con grises, dancé sin músculos. Amé.

Rompí la ley de los malditos. Él sentir del corazón ver la luz. El amar con descaró, sin dejar tiempo al labor. Al crepúsculo destino de elegir entre vivir de las letras o amar. Maldito, maldita. He éste mi preludio y condena, bohemia noches y desesperación. Compacta ambas caras de la vida, el escritor y el amor son antónimos en cualquier relato de los malditos.

“Ve ahora ser, ni elegir puedes, pues esta es tu condena, no amarás a nadie más que tus fúnebres escritos, jamás. No podrás otorgar mayor atuendo de halagos que al mismo papel que rellenan tus palabras. No lograrás ser de piel feliz tocando otros huesos, porque de tu piel nacen historias puras, y el único hueso febril es aquel que sostiene vuestra mano par escribir.”

Volviste. Estás maldito escritor. O eres tú o no eres nadie. O son tus letras o tu piel. O son tus puños marcando historia, o tus lágrimas que nadie ha de beber.

Testimonio.

Porque a una mujer así había que enamorarla, no acostumbrarla. No te das cuenta amigo, ¿tengo que decirte las cosas yo? A una mujer así había que escucharla, no entenderla. Había que buscarla no esperarla, había que susurrarle no obstruirle. Había que hacerle el amor en noches de luna llena. Escribirle algo especial.

No debías de hacerle llorar, pequeña, su dolor no le recordaba. Sus letras ni sus pinturas han de fallecer. Murió su arte de nuevo, murió su amor. Sus párrafos se los escondió la bebida y los licores. De sus colores nada quedo. Ven aquí, yo sé como hacer que sus penas te pesen menos que el reloj ruso que llevas por encaje. Son detalles no, aquello de lo que siempre te habló.

Verla feliz fue el don que deje entre sus arterias. Y aunque mal le hice, sigue siendo una reina para mi, aquella que  se merece los esmaltes de uñas más hermosos de la tienda. Los pañolines que prefiera, la danza que elija. & Sí, déjala sola ahora en este plazo corto sin fin, porque soy hombre también, pedir estar solo es un autoconvencimiento de que hay más mujeres que entretener. Es ver belleza y placer en otros ojos, lo sé no me mientas, he hecho lo mismo que tu, en exactitud, con las mismas palabras, con las mismas letras, créelo o no. Sólo que conmigo no lloró, su expresión menos la vi, porque también no fue a la cara. Sólo sé que al día siguiente de acabar, no había mujer mas linda sobre los pasillos que buscarla pasos que no fueran los míos, ni otras piernas que me llamen al amanecer. Era increíble. Me odió desde el día en que fingí  no amarla, y la deje si, porque habían errores en mi pasado que pesan más que tus tonterías de tiempo y cosas así.

Pero si amigo, ya es tarde como siempre. Para ella el ahora vale más que cualquier futuro, hazlo ahora, haz lo que yo no fui capaz de hacer, de amarla con respeto, de no tocarla de más y sin consuelo, de decirle que luce bien a cada segundo. No la hagas odiar, hazla sentir. No cometas este error, de dejar a esta pequeña porque en tu vida aun quedan vasos de ron. Porque aquel error ya me pertenece.

olvídate

Ve y olvídate para siempre de mí. Que hombres así sobran en estas vías. Olvídate de cada paso en tu nombre, de que un día estuve sólo para ti. De todo el esfuerzo que hicimos. De las peleas en vano, de las noche entrelazadas, de tu mano junto a la mía, de mis sueños en burbujas, de las comidas al anochecer, de los cigarros con café.

Olvídame. Que no volverás siquiera a tocar las luces de mis sombras, ni mis vasos vacíos, ni mis lamentos escritos. Ya nada es para ti, quédate con las putas que recorren tus estribos, las mujeres que siempre deseaste, con tus trasnoches inmaduros, los tragos que no sabes tomar, con tu infancia entre humeadas. Quédatelo todo, yo aquí pretendo olvidar.

Sacia tu interés entre desconfianzas, tortúrate más estando en soledad, imagíname con miles de hombres entre aceras, cada uno distinto y especial. Recuérdame con el peor de tus competentes, que de buscarlo a él solo basta mover un dedo. Tienes miedo. ¿De que? ¿De perderme? Jamás, el error fue mío y de nadie más. Porque las excusas son baratas, el adiós inherente, la rabia es mi tripulación. Hoy ha chocado la magia de no querer volver a tocar tu frente hasta la barbilla nunca más, de no darte ni una caricia en descontento. De esperarte cada amanecer. De soportar tu celar en cada paso bien dado.

Olvida las lagunas, los paseos a pie, el color lila de mi cuarto y de mis uñas, los gatos, las frutas, la espera. Olvídate del sueño de llegar a ser solo uno los dos, de la magia reciproca. Del vodka de frutilla, de los videos en la noche. De los dolores a medio mes, de los guateros de suero, de las fotos a contraluz, de las cuestas que odiaba caminar. De los juegos de computadoras, las madrugadas con resaca. Del pantalón verde que olvidé llevar. De los pies de bailarina.

De volar.

Pero recuerda que cada vez que lloraste fue por ti, y cada vez que lloré fue por amor. Que siempre estuve para ti aunque no lo notaras, que el esfuerzo fue mayor que el dinero gastado. Que los detalles siempre los cree en silencio para ver si los notabas. Hoy el final es obvio. Continúa con tu vida, si eso es lo que deseas. & Cada vez que cambies recuérdame. Cuando entrelaces a otra mujer, estaré lejos viéndome mejor así. Quédatelas, sé feliz con lo fácil.

Adiós Amigo.

Adiós.

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