Mujer de ensueño.

por Sofia amanda

La tarde caía y los pocos rayos de sol se guardaban fríos y sin mayor espectáculo. Estaba solo, donde nadie podía entorpecer su labor. Las olas se marcaban en la fría madera y no había mayor preocupación que seguir con la dirección correcta. Aquí nadie podía entorpecer su labor.

En soledad disfruto el aire que se impregnaba como recuerdo, y la sinfonía del agua correr por sus pensamientos lo sosegaba de cualquier temor. Y rogó piedad para que aquel momento jamás terminase porque prefería olvidad todo y continuar su trance, prefería dejarlo todo atrás y no aferrarse a el jamás. Quería avanzar con sus pasos ilegales como lo fue siempre, con esa fuerza que lo añoraba y seguir con las historias que se grababan junto a sus cicatrices.

Pero no, sentía su aroma, sentía aquella cabellera negra tocas su piel & sus interminables recuerdos, esa magia en sus ojos, esa ropa carmesí, ese brillo en cada palabra. Quería tenerla una vez más, como lo fue un tiempo precario; corto toda ley que ayudaba a controlarlo, porque no, no paraba de pensar en sus desgracias y la culpa que lo carcomían cuando veía la tristeza de esa mujer que robó todos sus sentido, todas sus direcciones.

Camino por las tablas de su querida joya buscando cobijo de aquel pesar que las lágrimas no secaban en un hombre de esa envergadura, camino por cada pieza, por cada recuerdo que marcaba la habitación buscando algo, pero no, nada lo saciaba.

Destapo aquella última botella que rodaba por el suelo.

Y pidió la mejor de las suertes para aquella mujer y sus memorias.

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