El control racional del oficio de escribir.

Mes: agosto, 2010

Un lugar en especial.

¿Por qué esta vez la tarde se calma sin tu  aroma?

Corrí por cada centímetro de nuestros caminos, no quería que la noche nos tomara por sorpresa, pero cada segundo me atormentaba aún más sin tus brazos.Me faltaba la última de las promesas, el último de los sueños, y no es hora de que te esfumes por completo. Tomé mis brazos, simulé tus tersos dedos, tus sutiles versos y continué mi camino sin descanso alguno.

Algún día apreciaré la estrechez de aquel lugar, pero hoy no, no hay tiempo, quiero tus palabras ahora mismo y aquí en este mismo lugar bajo el ventanal, rogarte perdón.

Yo besé tus labios, conozco tus defectos, prometí seguirte los pasos y las huellas, y siempre pertenecer a ti. Me aferro a tu corazón, te regalo mi alma para que de alguna manera me recuerdes, por tus sabanas, en aquel café de dos horas, en las canciones que entonábamos frente al ventanal. Puedes quedarte el resto de tiempo que quieras, así podré verte dormir y luego desaparecer como lo haces ahora, siendo más reconfortante  la historia.

Hoy no había tiempo de nada, porque tus luces ya no me pertenecen, tus despedidas ya no azotan mis vientos, no me quedó más nada. Quise, lo sabes, quise hacerlo pero no lo suficiente, te jure por mi nombre que trataría de buscar el cariño que faltaba, pero entre tanto descarte y tantas risas, la vida se perdió sin ti.

Termino el pasillo, y me quedaré aquí, sin peor dolor que aquello que no pude lograr, tan destrozado, recordando que tus palabras son más fuertes que mis ridículos papeles, mis ridículas cartas. Recordando las caricias que formaban tus melodías, tus delgados pasos y tu triste silueta que hoy extrañaré más que nunca.

Hoy quise correr por las orillas del ventanal, tropezar con alguna promesa olvidada en el suelo de mi vida, encontrar el perdón que no merezco, tocar tus manos en un último intento y procurar decirte adiós.

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Placer tardío.

Hoy te vi caer a pedazos. Derrotado, abusado y contraído. Lloraste un perdón que no quiso serlo, arrepentido de los errores, de los momentos inoportunos. Te vi rodando por el recuerdo, creyendo que los rayos del sol se extinguen con el dedo y por poco, algo distraído, cayendo a lo mismo.

Tomaste aquel codo como de costumbre, y me canso de escribirte siempre lo mismo, de pensar en los errores, de creerte cada palabra. Al fabricar mentiras, al olvidar las promesas, al perderte. Siempre y como de costumbre, te extrañe.

No ruego palabras, ni espero más falsos placeres.

Hoy te vi nacer de lo profundo de un pozo. Queriendo devorar almas frágiles y desoladas.Hoy llame tu nombre y por la luz, caí en los oscuros brazos de un placer.

 

 

 

 

De sombreros.

Un sombrero sobre puntillas, que cambia al atardecer, duerme entre pinceles, se quita la rutina entrando  en fase con el reloj. Toma rienda con visiones. Un sombrero sobre puntillas. Se saca la ropa y baila entre los espejos, sin más vergüenza que ayer.

Un sombrero que baila en puntillas. Sobre sus sueños un millón de cartas de recuerdos, sobre ellos un cálido atardecer  y en pie emprendía, y voló sobre puntillas. Choco sin previo aviso con tinta, duras puntillas.

El viento pegó sobre su sombrero, cruzo sus pensamientos y en un charco de memorias flotó sobre la tinta. Veía las letras que se guardaban sobre su cabeza y sobre puntillas recogía los recuerdos, y su sombrero.

El sombrero se perdió. Y las puntillas se rompieron. Se arrebataron con las dulces melodías de una mentira, de esas piadosas.Quedaron en maldad, nada sirve perdido y nada coopera estando quebrado.

Como alguien es capaz de despojar sueños – quien quiso perder mi sombrero -. Y de apoco las puntillas,  en un tiempo reducido, caían en pedazos. Buscó en los charcos donde la tinta se desborda, buscó en los acantilados donde el viento choca más fuerte, busco en los espejos, donde quizás, pueda ver lo que el resto no quiere ver.

Perdió su sombrero y sus puntillas se quebraron. Fue quizás ahí, donde el viento llevó un desquiciado sombrero hacia un papel en blanco y donde las puntillas aun rotas podían bailar. Era ahí donde el sombrero apareció digno, frente a un par de puntillas que nadie podrá borrar, en una función  de espejos, frente a mil acantilados, tomo su sombrero & sobre puntillas, comenzó a bailar.

♠.

Promesas de un bucanero

Mujer, espérame. Yo haré que tu condena se erradique. Que tus marinos ojos retornen a su labor. Quédate justo ahí y promete jamás mirar otra frontera, donde yo no pueda ver. Y luego de las olas en tu cuerpo, déjalas en su lugar. No arrebates el sol y vuelve a tu escondite. Describe tus pasiones junto a un duro tintero, deja en ti el ron y guarda la botella. Ahógate sin preámbulos, disfruta el silencio del mar y toma la sombra de quien ira por tu desvelo. Porque nadie más que yo lo hará, y pido tu consuelo y tu afirmación; quiero que creas en mis promesas.

Cierra los ojos, y vuelve a mí, en esta brisa chocante, que se confunde con mil pasiones, no quiero verte así, a lo lejos, sin expresión, donde tu rostro se desvanece junto al olor de mil recuerdos. Vuelve a mi mujer, créelo de alguna forma, ya que serás la única capaz de alambrar los descontentos de mi libertad.

promesas de un bucanero

Un jardín

Hoy quiso cambiar. Caminó por el pasillo del piso de abajo durante  diez minutos sin mayor panorama. Era un pasillo largo e infestado de gente, donde su mente se perdía en el constante viaje a los jardines de la memoria.

En esos minutos del día, aparte ver cuanto rostro ausente, se dedicaba a recordar como las cosas habían sido mucho peor a como lo son hoy.

Un pasillo oscuro, donde las voces carecen de autoridad, los pasos tienen un mismo norte y las miradas se pierden entre buscar y buscar. Más ella solo se apresuraba a caminar en su común tranquilidad.

Muchos ya respetaban su estado de incógnita sin sentidos y no intentaban siquiera romper aquel bendito estado.

Entre tanto murmullo y griterío, se escuchaban saludos que ella simplemente y sin ninguna gracia respondía. Y mientras su mano se azotaba al crudo frío de la estación, con la otra sacaba de su bolsillo un caramelo, entre tanto su amigo, que luego de un saludo se apresuró a caminar junto a ella, sacaba algo de dinero.

Entre que la gente golpeaba sin mayores preámbulos y sin ninguna premeditación sus hombros, perdía la vista entre varios cómplices de miradas, y el jardín en tanto, comenzaba a borrar algunos recuerdos. Tomo con suma fuerza y ente sus manos aquel partícipe caramelo, que era parte de ese encuentro. Ella sostuvo la mirada en aquel mirar triste y encarcelado, donde vio un alma marchita que la buscaba desde algún tiempo, pero en el usual silencio del espíritu. Lo vio después de mucho, con una mirada desgastada. Estaba distinto, con muchas historias que se guardaba en esos calientes bolsillos.

Ningún recuerdo perduro después de ese derribo de pilares. Aquel ultimo mirad, esa instancia donde ambos no temieron esfumarse. Ella termino su caramelo y él continuo con sus pasos hacía su destino.

Un reencuentro de abandono y una fría despedida con mil palabras que mueren sobre un jardín.