Un jardín

por Sofia amanda

Hoy quiso cambiar. Caminó por el pasillo del piso de abajo durante  diez minutos sin mayor panorama. Era un pasillo largo e infestado de gente, donde su mente se perdía en el constante viaje a los jardines de la memoria.

En esos minutos del día, aparte ver cuanto rostro ausente, se dedicaba a recordar como las cosas habían sido mucho peor a como lo son hoy.

Un pasillo oscuro, donde las voces carecen de autoridad, los pasos tienen un mismo norte y las miradas se pierden entre buscar y buscar. Más ella solo se apresuraba a caminar en su común tranquilidad.

Muchos ya respetaban su estado de incógnita sin sentidos y no intentaban siquiera romper aquel bendito estado.

Entre tanto murmullo y griterío, se escuchaban saludos que ella simplemente y sin ninguna gracia respondía. Y mientras su mano se azotaba al crudo frío de la estación, con la otra sacaba de su bolsillo un caramelo, entre tanto su amigo, que luego de un saludo se apresuró a caminar junto a ella, sacaba algo de dinero.

Entre que la gente golpeaba sin mayores preámbulos y sin ninguna premeditación sus hombros, perdía la vista entre varios cómplices de miradas, y el jardín en tanto, comenzaba a borrar algunos recuerdos. Tomo con suma fuerza y ente sus manos aquel partícipe caramelo, que era parte de ese encuentro. Ella sostuvo la mirada en aquel mirar triste y encarcelado, donde vio un alma marchita que la buscaba desde algún tiempo, pero en el usual silencio del espíritu. Lo vio después de mucho, con una mirada desgastada. Estaba distinto, con muchas historias que se guardaba en esos calientes bolsillos.

Ningún recuerdo perduro después de ese derribo de pilares. Aquel ultimo mirad, esa instancia donde ambos no temieron esfumarse. Ella termino su caramelo y él continuo con sus pasos hacía su destino.

Un reencuentro de abandono y una fría despedida con mil palabras que mueren sobre un jardín.

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