El control racional del oficio de escribir.

Mes: enero, 2011

sólo regresa.

La casa esta igual. Cada cosa esta ahí en su lugar. Los platos, las sillas, el comedor. No he pasado la aspiradora, no he barrido. Ni siquiera he lavado la loza. No he quitado ningún recuerdo de aquí, no te preocupes. También sigue ahí, en el congelador, la lata de cerveza que guardaste esa noche. También las sobras de cereal que dejaste en la madrugada. Los fósforos para la estufa, el desorden, las copas, esas que ensuciabas frente a la ventana una y otra vez. Las cortinas a medio abrir, las colillas de cigarros, el par de calcetines que no entraron en tu maletín. Todo está ahí.

Mira que por si regresas, tu foto aún esta ahí en el armario, tus dibujos todavía se divisan a ras de suelo. Sigue ahí, la flor azul que me regalaste al mes, aunque ya se secó, la tengo bien guardada bajo uno de tus libros de Coelho. No he cambiado las sabanas. No he limpiado siquiera el envoltorio de los dulces que me regalaste. Ni las sobras de la torta, ni he limpiado ese último vaso de vino que dejaste a la mitad.

Mira que por si regresas, no he cambiado nada de mí. Aún tengo esa manía tonta de fumar por las mañanas, antes de tomar el café, y  cuando prendíamos la TV. Sigo usando el mismo perfume de siempre, y aunque a veces suene de más, traigo sobre mí, la misma cadena con joya verde. Para que no olvides nunca el color de tus recuerdos. Tengo al pie de la cama, aquel vestido que me pedías que use por las noches. La misma ropa negra con encajé que amabas. Aún estoy yo, a la que amaste. Mira que por si regresas, no tengo nada aquí que te pueda molestar, todo esta tal cual como lo dejaste.

Que por si regresas, hazme el favor de pasarme las llaves. Para que deje sin salida tus promesas, tus recuerdos, tus olvidos, tus manías, tus amores. Todo. Para hacer esta vez, las cosas bien y con tiempo. Para no equivocarme una vez más. No te preocupes, nadie te dirá nada. Nadie quitará tus noches, todo seguirá igual, sin embargo ésta, sólo ven y regresa.

 

 

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Dile que es hombre muerto.

¿Y tú creías que yo iba a permitir que esa lágrima tuya corriera por tu mejilla?, ¿Acaso dejaría yo ver como le gritas a ese pelotudo? Ver como discuten, como levantas la mirada ¿Acaso pensaste que me quedaría así, de brazos cruzados, mientras noto a ese tipo jugar con tus palabrotas? ¿Acaso crees que me olvide de esa mueca que haces cuando estás apunto de llorar, y que ahora se te nota más que nunca? ¿Acaso pensaste que de mi mente no se alborotaría ningún recuerdo?, ¿que te dejaría tranquila después de todo lo que te hice, sin compensar nada?

Claro que no amiga mía, querida mía. Cariño, amor mío. Yo, que por estas noches juré amor eterno, venganza y protección. Hoy estoy aquí, al umbral de la misma, viendo pasar una de tantas más, bajo las sombras, bajo el alcohol. Bajo las luces, sobre la misma mesa y el mismo local.

Aun lado de ti te veo, que peor que entender ese llorar. Ante tu pena yo no correspondo, sólo no permito. A nadie, ni a nada. No dejaré que arranquen de ti ni una lagrimas más. Ya es suficiente.

Que mala noche. Tú y yo en el mismo lugar. Nuestras penas se asemejan. Con las mismas caras y los mismo sentidos. Nos volvimos a encontrar. Y tú raramente triste, y yo extrañamente poco sobrio. Para entonces te vi. Tu rostro, con esas lagrimas que no te las crees ni por encaje. Que tanto te marcan, ¿acaso tú no juraste no volver a llorar? ¿De algo me perdí? claro no, eran de verdad, esas gotas tuyas me hacer ver la realidad.

 

Ahora dime quien fue. Quien de este montón fue él que te dejó así. Quien borró de ti mis memorias. Quien borró de ti, mi pequeña bonita, esa sonrisa de siempre. Dime que fue para quebrarle el alma a insultos, para matarle los ojos con sus celos, para partirle en dos la rabia. Dime quién fue, para reventarle la dignidad a golpes.

Vamos ven acompáñame. Caminemos hacia donde esté él. ¿Es aquel?, anda ve y dile todo lo que tienes en la lengua. Yo estaré atrás, no temas. Ve y grítale en su cara que no te merece, que ojala toda la plasta del mundo caiga sobre él, que las cagadas tu no las soportas. Y mientras se lo dices yo recordaré que aquello ultimo lo sé bien. Ve y dile que no lo amas, que nunca lo amaste. No como a mí.

Ve, yo estoy aquí atrás cuidando tus espaldas. Algo le dices, él te responde, tú le gritas, lo vuelves a llamar. ¿Pero por que de nuevo a llorar?, ¿acaso te esta insultando? ¿Te esta gritando? ¿O provocando? No mi bonita. Te esta humillando. Eso lo sé bien. Y no lo soporto. Que bochorno. Que rabia me da. ¡Donde esta mi vaso que sin él no puedo avanzar! Aléjate un poco bonita, córrete unos pasos, nos veas este ajuste, que ésta pelea no es por ti, sino por los dos.

Déjame destrozarle la cara a golpes,  que si tu lloras mi alma también. Que este primer puñetazo va por ese amor que quisiste creerte, sólo para arrancar mis recuerdos de ti. Éste segundo va por tu maquillaje corrido. El tercero por la canción que esta sonando en los parlantes, que no me va muy bien. Éste cuarto va por mí, porque odio a los tipos que te ofrecen bailar durante la noche. Y éste quinto va por nosotros, y porque de mis labios aun brota miel de la que fabricamos. Y en fin, porque te amo.

Claro me interrumpiste. Pero me tendrás que esperar unos segundos más bonita, mientras me limpio la sangre de la boca, y saco de mí el poco sudor que tengo en la cara. Éste último va por ti y aquel día en que me toco partir. Por aquel día en que nos dijimos adiós, y lo acepté. Por todo lo que hemos vivido y más. Es entonces ahí, cuando la rabia de la impotencia contra tiempo me controla, me tomaste de los brazos, de los hombros, como pudiste. Y me detuve.

Me alejaste de ese enano. Nos perdimos entre el montón, aquel que nos veía como engendros raros luchando cuerpo a cuerpo. Llegamos a la puerta y salimos. El frío de afuera no nos dejo en paz. Mis manos entrelazadas me lastimaban. El puño de ese pequeño lo tenía marcado en la sien. Pero esta bien, ya no llorabas. Mientras acá afuera sólo se escuchaban las voces de adentro y la música ambiental. Nos sentamos por ahí. El silencio de esta noche sólo lo hacemos los dos. Me tomaste la mano, esa que estaba mal,  y me dijiste mil cosas con un beso en la frente. Yo no quise decir más nada. Esta vez bonita, yo lo hice por ti. No te quejes por ahí de que no valió la pena estar conmigo, porque de lo único que estoy bien seguro, es que mientras yo esté aquí a tu lado, nadie te va a tocar. Bonita, busquemos algún tragó más, aún queda noche y yo no me pienso calmar.

 

♠.