Esto es Sed, un final.

¿Tiempos aquellos no? Donde cada una de esas noche eras mía. Donde cada gota de tus vasos tenían mi nombre.  ¿Cómo cambia no?  ahora  no soy yo quien más te desea. Ya no soy aquel que tus escritos llaman a deshoras para calmar tu piel. Ya no soy ese sujeto que hizo de ti la mujer más fuerte de los rincones. La que era capaz de salir cuando se desborda la noche, y robarse las calles sin miedo alguno.

Esta parece ser la última de las noches. Porque ya no hay historia que contar entre nosotros. Ya todo esta dicho, vivido y escrito. Por ti, por mí y por las veces en que mi piel se rasgaba con tus memorias. He aquí un final que ni yo mismo esperaba, porque todo parece normal, tú con tus vasos, yo con los míos. Esperando que el jarabe llegue a las venas para llamarnos una vez más a la habitación.

Pero no, si tú ya no me buscas, que haré yo como perro sin orgullo conquistando tus pasos. Si no eres tú la que me suplica, yo no perderé lo poco de dignidad que me queda dentro.

Esta es una noche más. La última de nuestras noches. Con la música, el ruido y todo el alboroto de una gran celebración.  Estabas ahí sin dirigirme la mirada, con tu vaso y el cigarrillo. Con tu sonrisa y ese gran talento que tienes para fingir. Mientras te acomodabas el pelo, te levantaste de aquel sillón y te acercaste para saludar. Un beso en la mejilla frió, sin recuerdo ni vuelta atrás.

Yo estaba sentado, a un lado de la barra y al otro lado había una flor. Tú seguiste con lo tuyo, buscando esos tragos tropicales que tanto te gustan. Luego volviste a ese sillón tan lejano del mió. Seguiste con tus palabras, con tus amigas. Con tus chistes, tu ironía, y ese tono sarcástico que hasta aquí me causa gracia.

& luego yo de pie, mientras dejaba el vaso vació en la barra, caminé. El orgullo me bajó a los talones, la lengua ya me pesaba  y el verte doble me causaba más calor. No soporté más, y me quedé al lado tuyo. Siempre tan cómica. Me preguntaste cómo estaba, yo te respondí un poco ebrio pero bien; reíste y dijiste “yo igual”. Desde ahí nada me importó. Lo siento bonita, pero amarte ya se mi hizo costumbre.

Horas pasaron. La noche ya estaba terminando. Tú ya te habías cansado de mí y no te vi por largo tiempo. Saqué el último cigarrillo que tenia y caminé hacia el baño por ese pasillo lleno de puertas, donde la música se derrochaba poco a poco y perdía valor. En el final de una de esas puertas, estabas tú, de espalda, fumándote un cigarrillo. Ahí entré. El baño ya no era prioridad, y ahí me quedé.

Mirabas las estrellas. Qué tierna. Yo sólo miraba algo que no le era necesario brillar. ¿Porque éstas sola?- te pregunté. Mis manos consecuentes cerraron la puerta- nada importante– me respondiste – me fumo un cigarrillo antes de marchar. Me quedé a un lado tuyo, con la ventana abierta y millones de cosas de las cuales platicar. Pero como veías, nada fue necesario, ni tus ojos me llamaron.

Bonita, tenías tantas cosas que decir, y tuve todo el tiempo para ti y así como así te marchaste. Y hasta pronto. ¡Espera!- grité antes que tomaras la manilla. Tu espalda fue lo único que vi. Silencio. Ni la música golpeaba el aire. Todo se silenció.

“bonita, perdón…” Es lo último que fui capaz de decirte. entonces  noté las varias heridas en tu piel. Perdón mi bonita, perdón. Yo fui el que te robo la voz, el que te torturó. El que no fue capaz de encontrar los caminos correctos.¡Perdón!- te grité aún más fuerte, y te lo repetiría mil veces. Tantos errores que no cambian, tantas promesas que olvide cumplir. Tantos vasos que no pude controlar. Te pido perdón por cada noche de sed que no lograste entender, por cada vaso que destruiste en mi nombre. Por cada desvelo en tu habitación.

Tú te quedaste ahí. De espalda. Simplemente ahí sin reacción. Con la mano en la manilla, y yo esperando que tus labios me respondieran alguna cosa que naciera de tu alma. Sin embargo no. Te diste la vuelta, mientras tus ojos llorosos me recordaron muchas veces en que el papel de bueno no me tocaba a mí, sino a ti.

Recuerdo bien ese abrazo que luego me diste. tan absoluto. Con historia, con amor, con una reconciliación con sabor a despedida. Aquel que fue el último de ti mi bonita, lo recuerdo muy bien, ahora que de no sé nada de ti. Donde sólo me quedan estas líneas y en la memoria aquel beso decisivo que juraste sería el último, para guardar bien sellado este amor.

 

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