Perturbado.

Que hago jugando. Que hago perdiendo. Que hago mirando pupilas ajenas. Que hago yo aquí, en esta cama vacía, ya sin ti. Sin mí. Sin nadie. Que hago yo aquí, mirando el cielo. Que hago aquí, sentado al sol. Que hago aquí mirando TV. Que hago aquí bailando con tus recuerdos. Que hago aquí tomando tu silueta en cabellos ajenos. Que hago aquí muerto sobre ésta cama de la habitación.

Que ago aquí perdiéndote el rastro, pequeña. No siento tu textura. Me desespero, no te encuentro en nuestra habitación. Me pierdo en éstas sabanas, me aferro a éstas telas, a éstos cojines saturados. Todos penetran tu nombre y olor. Aquí, en este rincón sucio que olvidó olvidarte. Dime que estás aquí por alguna desdicha mía. Dime por favor que en el suelo de ésta cama se encuentra la razón de este último adiós.

Pero no. A esta distancia sólo trata escucha el latir de mi botella. Escúchala rodar por debajo de mi recamara. Siéntela por ti, y porque me cansé de perderte más de lo que debía. De pedirte perdón, de vivir todas las historias de telenovela. De ser quien tú lloras y yo no poder socorrer.

Ven por favor y custodia el placer de éste, mi último cigarrillo antes de amanecer. Velad el consumo de tus lágrimas. Ve la brillante idea de mis oraciones por tu piel. Vela cada gota de sudor por tu frente. Ven, y consígueme el afán de perderte porqué se me da la gana. Concédeme el poder  para dejar que hagas con tu vida lo que quieras. De que toques a quien sea, de que salgas con quier quieras. De que vivas tu vida a tu manera. Ven y quítame las ganas de amarrarte a mi pasión arruinada, de no soltarte aunque lo grite la gente. De querer amarte hasta que el sol aya desperdiciado dos días sin tus paseos. Ven y quítame de una vez, el te amo que me susurraste antes de tu ultima partida. Ven y quítame tus recuerdos de mis sorbos. Quítamelo todo por favor, que para ti son hasta mis infidelidades, mis rebotes en la tierra de tanto alcohol, y mi vida entera que ya no encuentra razón.

Pero que más da. Ya todo lo consumí. Ya todo lo bebí. Ya todo lo aspiré. Todo lo tuyo lo fumé.  Puesto que tú cierta vez me dijiste, “no sé si es tristeza lo que siento, o si simplemente es algo de sed”. Tuve sed sabes. Pero hoy entiendo tu dolor al no sentir nada por la garganta cuando debería rasgar cada gota de ron.