Fe de un bucanero

Intenté saber que era partícipe de un corazón ajeno al mío. Traté de controlar cada suspiro entre cortado, evite los insultos, invoque los halagos, sostuve un cuerpo frágil entre harapos, hasta obsequie la lagrima que no tenia para regalar. Permute trayectorias y descansos, fijé rutas y caminos, obvié el error que cargaba, y la amé, si la amé, todo para impedirlo.

 Ágata grácil se me escapaba de las manos. Deseé perderla cuando sus pulgares no recorrían mi espala. Cuando su rose no me impedían las muertes, o cada vez que sus ojos marinos no me refugiaban de las sombras. Pero ahora no, sus perlas migrañas. Azabache cautiva mi piel. Miel de sus labios envuelve mis placeres. Provocado es este amor sutil, del verbo conoce, antónimo de siempre.

 Sazón de migas y esperanza. Le devuelve a este hombre el trozo de fe erradicada. Sostiene el lazo ente la vida y lo inerte. Entre lo inmortal y mis plegarias. Mujer, intenté ser fuerte en cada momento, trate de entregarte el amor que te faltaba, te abrasé y regalé cada parte de mis sobrios momentos. No te puedes ahora marchar. No puedo ahora dejar que lo hagas.

¡Devuélvemela intacta agua maldita! Con cada una de sus cicatrices esmeraldas de su piel. Con cada recuerdo empinado que borré en susurro. Devuélvemela mar, que tuya no siempre lo será. Comprender que sus caprichos son ahora míos, que no le daré nada de malo, menos los peor. Que su alma se ato eternamente a la mía, que sus ojos se afirmaron a mi fuerza, sus piernas a mi fe, sus cabellos a mis victorias y sus manos a mi corazón.