El control racional del oficio de escribir.

Mes: octubre, 2012

Somos piel.


El ron tenia un sabor distinto esa noche. Un par de ojos la iluminaban. Se sentó sola a la orilla de la cama, con esa polera de cuello cortado que siempre le sostiene la figura. Ella era la mujer perfecta si tan sólo no te perteneciera a ti.

Siempre con pena, siempre con hambre, siempre con un vacío en el pecho, siempre trasnochando, bohemia y alcohol para ahogarse en lo faltante. Esa noche estuve yo a su lado, un simple amigo que le saco las cartas y le jugo los dados en plena discusión. La vi sola, la vi hermosa, la vi posible.

La vi como una mujer más que podía sanarme la piel por una noche. Cómo ella, sin nombre, acariciándome la sien, besándome el ombligo, yo jugando entre su escote. Da lo mismo el dueño, ella esta aquí ahora junto a mí, abrazándome la noche, quemándome el recuerdo de ellas, todas las que me han fallado.

La besé. Toda la noche la bese, hasta que olvidara el mañana; hasta que olvidara el seguir despierta con tanto ron. La cuide como amiga y amante, la abrasé como mujer linda y desgraciada. La besé como si algún día pudiese ser mía, que nadie me odiaría mañana al despertar, que sostendré su mano y luciré el nuevo trofeo que la vida me lanzó.

La bese como si fuera mi amante, como si fuera mi mujer, no pensé en ti amigo. Ni en los dos, sólo sé que la bese, y deseé besarla el resto de los días sin que pudieras vernos, porque ella es así, tan buena como un tequila, y tan maldita como el ron.

Devuélveme la sed.


¿Recuerdas cuando la fila ya no daba para más? ¿Las veces en que debía beberme las copas necesarias para encontrarte?, ¿Recuerdas cada vez que enmarque tu nombre en la ventana? ¿Las veces en que de ti tenía sed y de nadie más me acordaba? ¿Recuerdas cuando me diste el don de escribir y la llama constante para poder hacerlo? ¿Recuerdas cuando el mundo se hizo sólo uno en los dos?

Olvida todos los prejuicios. Olvida todos tus futuros, crea en mí desde que conociste mi escritura, abrevia en mí, el azar de tus penas, ahógate en el amor que nunca recibí, ámame con locura para poder refregarte el dolor que dejaste. Destruye parte de ti para que la tarea se me haga más fácil. Olvídame en tu presente, y haz de mí el peor de tus recuerdos; así odiarte con razones y desquitarme en tus heridas, quema mi alma que siempre te perteneció.

Dame la sangre de mis líneas, el dolor de mis lágrimas, nada es tuyo, nada nunca te perteneció. Devuélveme el don de mis letras, el coraje por las calles, el licor entre mis venas. Todo lo que la bohemia me quitó.

 Consuélame el buscarte en otros labios, el amarte en otros cuerpos, el sentir tu perfume rozar mi canción.  Entrégame todo lo que un día me robaste, mis penas, mis risas, mis fieles latidos, mis promesas, mis amores, y todo lo que ahora en ese momento me faltó. Llena el vacío por favor, que nada me compensa, devuélveme la vida que trizaste, la ilusión del amor inocente, las lagrimas de verdad. No encuentro quien que valga la pena, besos que endulcen mi voz ni  manos que sostengan mi amor.