Somos piel.

por Sofia amanda


El ron tenia un sabor distinto esa noche. Un par de ojos la iluminaban. Se sentó sola a la orilla de la cama, con esa polera de cuello cortado que siempre le sostiene la figura. Ella era la mujer perfecta si tan sólo no te perteneciera a ti.

Siempre con pena, siempre con hambre, siempre con un vacío en el pecho, siempre trasnochando, bohemia y alcohol para ahogarse en lo faltante. Esa noche estuve yo a su lado, un simple amigo que le saco las cartas y le jugo los dados en plena discusión. La vi sola, la vi hermosa, la vi posible.

La vi como una mujer más que podía sanarme la piel por una noche. Cómo ella, sin nombre, acariciándome la sien, besándome el ombligo, yo jugando entre su escote. Da lo mismo el dueño, ella esta aquí ahora junto a mí, abrazándome la noche, quemándome el recuerdo de ellas, todas las que me han fallado.

La besé. Toda la noche la bese, hasta que olvidara el mañana; hasta que olvidara el seguir despierta con tanto ron. La cuide como amiga y amante, la abrasé como mujer linda y desgraciada. La besé como si algún día pudiese ser mía, que nadie me odiaría mañana al despertar, que sostendré su mano y luciré el nuevo trofeo que la vida me lanzó.

La bese como si fuera mi amante, como si fuera mi mujer, no pensé en ti amigo. Ni en los dos, sólo sé que la bese, y deseé besarla el resto de los días sin que pudieras vernos, porque ella es así, tan buena como un tequila, y tan maldita como el ron.

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