El control racional del oficio de escribir.

Mes: noviembre, 2012

Wolf.

Glass en mis ojos brillantes, labial de más, piernas valientes y seguras, la noche es mía, soy un depredador. Pasos firmes inundar el lugar con algún recuerdo descolorido. Encuentro fugaz que las estrellas predican, fuertes han de ser mis dientes a par. El hambre está de más si tan sólo eres mi instinto. Velar por tu bien que mis ganas de cazar son tus culpables.

Satúrame música y compás, guitarra y arpa camúflame en el bosque. Sostén mi alma que poco a poco se vuelve animal. Calma mis instintos, calma mi ira, calma mis venas, calma mi emoción.

Y tú esquiva mi mirada, huye de mi que te romperé el corazón sin pensarlo, cuídate de mi que recorro los más temidos valles y recuerdo en tinta todos tus miedos. Huye de mí que te quitare hasta la nostalgia. Huye, corre, hoy me toca destruir.  Hasta tu escape lo calcularé, huelo tu miedo, tus pupilas secas y el sudor de tu frente. estoy muy cerca de ti.

La luna es mi testigo, seguirás huyendo como amante de los rayos del sol. Tus latidos a mil son mi gozo,y tus gemidos de pavor los oiré solo para conformarme.

Aquí te tengo en frente después de ser yo quien era la victima, hoy serás tú el que caerá, tu fin no tiene vuelta. Sostendré tu alma en el hilo del arrepentimiento antes de quebrarte el primer honor, la arrojare a la rama más alta del pino de mi hogar, y le aullaré al eclipse hasta ver de ti mi venganza absoluta, soy un depredador.

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Búscame.

Búscame cuando aprendas a no cometer errores fuertes y negarlos con alcohol. Cuando el amarme no sea un pasatiempo de segunda y el camuflarte en mi sombra no sea por necesidad. Cuando nadie te diga como debo actuar para estar acorde a tus principios. Cuando nadie se acuerde de mi, ni de mis derrotas, ni lo de lo cruel que fui. Búscame cuando te falle en tus narices y no seas capaz de decírmelo. Cuando todo te diga que sí, te mentí; y tu de segado te quedes en silencio.

 ¡Búscame cuando te salga la voz ! !cuando grites ella es mía!  !Cuando no sea yo quien te enseñe de amor!

Cuando no destruyas más los sueños rotos ni esperances más mentiras.

Búscame cuando te hayan amado y perdido varias veces, cuando te hayan pisoteado, cuando te hayan mentido, cuando te destruyan el cielo, cuando te corten la ilusión, cuando te sean infiel, cuando se acuesten contigo y con más hombres a la vez, cuando te griten en la cara el desamor que te tuvieron.  Ahí búscame y entenderás porque no soy yo la que da el primer paso.

Cuando no te resignes. Cuando de verdad tengas tiempo para mí.

Búscame cuando tus letras no sólo hablen de ti, cuando no odies el dolor.

Búscame cuando aprendas a mentir.

Cuando la paz me guíe, cuando mi rostro dañino termine de afear, cuando mis fuertes piernas atenúen , cuando mis manos ya no puedan escribir, cuando mi actitud sea basada en mentiras, cuando el mirar de reojo sea por mero recelo. Cuando mis letras sean malas, ahí me encontraras.

 Sólo búscame. Quizás te esperaré.

Casualidad.

A veces me gusta recordarte aunque sea tortuoso, más si el desvelo se hace inminente. Ayer así lo quise, ayer así te busque aunque me doliera el alma y se me trizara la voz. Bonita aquí estoy después de años de mi partida.

No haz cambiado nada, y si lo estás es por mera razón. Tus ojos igual de castaños, tus caderas igual de marcadas y tu piel blanca igual que nuestras fotografías. Quien diría que nos volveríamos a ver. No quiero decir palabras de más, no quiero interrumpir tu vida, sólo quería estar. Vivir ahí un instante de voces, que ellas me digan lo hermosa que estas y lo bien que luce esa cadena de corazón entrando a tu escote. No diré nada, ven aquí y mirarme como de costumbre, has que tus pupilas me digan que fui el infeliz que te saco los cristales del alma, la ternura del corazón e hizo de ti la misma tinta de tus letras.  Con eso duermo conforme.

Esto ya es cliché, ya aburrió mi historia, a nadie ya le importa escuchar nuestras risas y nuestros finales sinuosos. En fin, da igual, hoy te vi bonita, hoy te vi feliz escasa de penas y dolores. Hoy sonreíste porque si y no por mis lamentos, hoy estabas hermosa y radiante, hoy estabas ahí, abrazándolo a él sin siquiera mirarme, sin siquiera acordarte de mi, y eso me hace feliz, porque esa risa no te la quita nadie, esas mejillas carmín nunca se rebozaron tanto y nadie te había sujetando con tanta fuerza como él.

Mis cartas ya no importan, ya nadie las va a leer, sólo quiero que seas feliz tanto como lo fuiste conmigo, sólo quiero que escribas al igual que esas noches de alcohol que nos quitaban la sangre. Sólo quiero que vivas riendo y bailando como todas esas veces en las que vi tus piernas danzar hasta el más mínimo sonido, sólo quiero que cantes igual a las veces en que dejaba fluir la guitarra. Sólo quiero que ames, al igual de cómo yo te ame a ti. Que olvides que te dañe sin remedio y que sonrías como lo haces ahora, bonita, radiante y llena de fe. ¿Sabes por que?, porque nosotros nunca nos diremos adiós.

Ágata es su nombre.

[…]Un paso adentro y ya estaba en su habitación. Todo cálido de tono azul y mosqueta. Su rostro nada más me daba la espalda. Percibió mi ser. Lo sé, sabía bien que estaba cerca, olía mis parpadeos, escuchó la mudes de mis plegarias. Continúo con lo suyo; se miraba al espejo, peinaba su cabello. Igual me miraba desde hay. Observaba cada movimiento que daba. Ahí di pasos de más que me llevaron a su cautivo, su hombro sitió mis narices. A los ojos me observaba por el reflejo del cristal. Dependiente sí; de una piel que no me pertenece. De una mujer que no pretendo olvidar. Quise adueñarme y sentirme señor de esos ojos de mar, de esas manos perdidas. Desde el espejo sostuve su alma, empuñe toda mi ira y mi amor y sólo le toque el hombro. He ahí cuando sus ojos se cerraron, al mismo tiempo en que mi izquierda acariciaba su otro hombro desnudo.

La dibujé, enmarqué el contorno de su piel mientras me deslizaba entre su ropas. Arrebate la prenda hasta descubrir lo que mis ojos no veían. Toqué sus hombros, sus brazos, sus manos, baje hasta sus dedos, sus muñecas, volví a sus codos. Todo lo que vi. Sus caderas, a su cintura, a sus pechos, a su cuello, a su dulce barbilla y a su rostro. Ahí permanecí, en piel de sus recuerdos. Todo está se resumía a sus labios, sus penas, sus enojos, a sus amores que por sus ojos no engañan.

Suspiró mientras mis manos volvían a sus hombros. Los acaricié mientras peinaba su cabello hacia cualquier lado. Quería su espalda, sentir esa piel, está que desde siempre he protegido. Porque ese es el lugar al que he pertenezco, un rechazo de lo común para volver a humillar mi sangre. Un oleaje más fuerte de lo habitual. La besé en el cuello. Volví a sus caderas. Las aprisioné, las lleve hasta mi cuerpo, las amarre con fuerza con mis brazos. Desde hoy mujer, esto me pertenece, y me ha de pertenecer hasta que yo mismo borre estas huellas. Le besé nuevamente, pero esta vez en el hombro, luego baje por su brazo, llegué hasta su mano y la miré. Ella con sus ojos perdidos en sus pensamientos me dijo no me hagas daño por favor, yo no te lo aré; y cómo mi mayor tesoro, la abrasé.  Le dije que tenia que ser fuerte, que hoy, yo, un simple pirata, luchará por ambos siendo sólo uno los dos.

 Buenas noches Staley. Me dijo.

Buenas noches mujer[…]