Ágata es su nombre.

por Sofia amanda

[…]Un paso adentro y ya estaba en su habitación. Todo cálido de tono azul y mosqueta. Su rostro nada más me daba la espalda. Percibió mi ser. Lo sé, sabía bien que estaba cerca, olía mis parpadeos, escuchó la mudes de mis plegarias. Continúo con lo suyo; se miraba al espejo, peinaba su cabello. Igual me miraba desde hay. Observaba cada movimiento que daba. Ahí di pasos de más que me llevaron a su cautivo, su hombro sitió mis narices. A los ojos me observaba por el reflejo del cristal. Dependiente sí; de una piel que no me pertenece. De una mujer que no pretendo olvidar. Quise adueñarme y sentirme señor de esos ojos de mar, de esas manos perdidas. Desde el espejo sostuve su alma, empuñe toda mi ira y mi amor y sólo le toque el hombro. He ahí cuando sus ojos se cerraron, al mismo tiempo en que mi izquierda acariciaba su otro hombro desnudo.

La dibujé, enmarqué el contorno de su piel mientras me deslizaba entre su ropas. Arrebate la prenda hasta descubrir lo que mis ojos no veían. Toqué sus hombros, sus brazos, sus manos, baje hasta sus dedos, sus muñecas, volví a sus codos. Todo lo que vi. Sus caderas, a su cintura, a sus pechos, a su cuello, a su dulce barbilla y a su rostro. Ahí permanecí, en piel de sus recuerdos. Todo está se resumía a sus labios, sus penas, sus enojos, a sus amores que por sus ojos no engañan.

Suspiró mientras mis manos volvían a sus hombros. Los acaricié mientras peinaba su cabello hacia cualquier lado. Quería su espalda, sentir esa piel, está que desde siempre he protegido. Porque ese es el lugar al que he pertenezco, un rechazo de lo común para volver a humillar mi sangre. Un oleaje más fuerte de lo habitual. La besé en el cuello. Volví a sus caderas. Las aprisioné, las lleve hasta mi cuerpo, las amarre con fuerza con mis brazos. Desde hoy mujer, esto me pertenece, y me ha de pertenecer hasta que yo mismo borre estas huellas. Le besé nuevamente, pero esta vez en el hombro, luego baje por su brazo, llegué hasta su mano y la miré. Ella con sus ojos perdidos en sus pensamientos me dijo no me hagas daño por favor, yo no te lo aré; y cómo mi mayor tesoro, la abrasé.  Le dije que tenia que ser fuerte, que hoy, yo, un simple pirata, luchará por ambos siendo sólo uno los dos.

 Buenas noches Staley. Me dijo.

Buenas noches mujer[…]

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