El control racional del oficio de escribir.

Mes: febrero, 2013

Es peor sentirse que estarlo.


Llegué a su casa de sorpresa antes de la media noche, una amiga siempre tiene tiempo para conversar de cosas que sólo a una amiga le interesan. ordenaba sus libros, desde el comedor al segundo piso de su habitación no se podía caminar. en fin, su casa es mi casa y serví café. siempre llegaba ahí cuando sabía que algo andaba mal, que algo yo misma no sabia verbalizar o cuando me sentía aparte, más bien sola.

Era mi amiga si, pero nunca me miraba de frente, siempre escondía sus ojos en algún techo fascinante. al fin y al cabo, uno se acostumbra a la ausencia, pronunció, a guardarse rutinariamente el dolor de ver cosas de más. cuando llegas a ese punto- me miro- las cosas ya no duelen tanto, te conviertes en una maquina de escribir, algo útil para ti misma.

Siempre es lo mismo, contar historias para que alguien por ahí te escuche, no sentirte más sola de lo que estas,  escribir, leer, tomarte un chocolate caliente al lado de la estufa. siempre es así  las cosas no van a cambiar si te pones a lloriquear y esperar que ese, el te hace compañía valla por papas fritas, algo dulce no sé, rió, aya tú con tus gustos afeminados.

Se detuvo y tomó un sorbo de su café, es dinero, es el trabajo. El desempleo dijo, el verte al espejo y sentir tus ojos bordear fuerte tus ojeras, es, dejo su café sobre el plato y termino, es ver cómo ya no eres capaz de sentir nada, ni siquiera dolor ¿cuantas veces te has arrullado en tu cama, a llorar toda una noche porque no sonó el celular? ¿una? ¿dos? yo perdí la cuenta. Se hecho a reír y saco un paquete de algunos dulces raros. ¿Cuántas flores han llegado de sorpresa a tu hogar para alguna ocasión en la que vestiste bonito? ¿una? ¿dos? Era gracioso ver cómo exclamaba eso con una gran sonrisa mientras se tragaba sus dulces, !yo perdí la cuenta! y ninguna de ellas era de parte de mi esposo.

Cuántas veces sientes que no eres de esta cuidad, de este país, de este planeta? ¿ Cuántas veces te da por llorar sólo porque nadie entiende que ya no puedes amar como antes? que ya no puede sonreír igual, que todo te desgasta que nadie nada compensa nada. Es curiosos vernos y saber que hay alguien de nuestro lado y estar sola igual. y es divertido ver como la  única forma de sentirte bien es hacer algo por ti misma, no cómo terapias ni libros de auto-ayuda y tonteras así, sino algo sólo para ti.

Cuando te sientas sola recuerda que todas las mujeres lo estamos, no conozco ninguna mujer casada que sonría con la misma fuerza de un hombre que acaba de comprarse un auto cerco km convertible. De seguro hay excepciones, yo no lo soy, de seguro tu tampoco, a veces sólo preferimos quedarnos en casa y hacernos la manicure, pintaros el cabello, o ir por alguna amiga tomarnos un café y llorar en silencio, cómo de costumbre.

Tenemos un ángel en el cielo.

Lo conocí un día de abril en una lluvia tediosa. La gente andaba de lugar en lugar buscando su sitio. Ahí por esas fechas lo conocí. Recuerdo su voz débil y sus ojos negros, cómo una pepa de aceituna, pequeños, cómo si le diera miedo mirar. Tenía el peso de perder siempre sobre los hombros, el cargar culpas de más. Era un niño en el cuerpo de un hombre, un niño que nunca supo que hacer.

Era alto. Arrastraba los pies al caminar. Sus ojos caídos era graciosos y una burla escucharlo reír. Los gestos que hacía con sus cejas mientras contaba sus historias. Él era especial, tan bueno que los errores que cometía no parecían adrede.

Tenía gustos raros, igual que yo. Pasaba horas tras el computador por una nota perfecta. La música era su única pasión. Escribía también, pero de una forma muy distinta a la mía. El era especial de cualquier modo. Prefería hablar del presente, de hoy, de fluir y dejar que las cosas pasen porque si y porque no. No le tomaba el peso a ningún problema, él sólo decía, -todo va a estar bien-

Nunca entendí el porque no pude amarlo bien. El porque sostenía su mano con tanta fuerza, el porque quería sus miradas esté sólo para mi. El porque odiaba sus tiempos tontos, sus angustias y penas etáreas, sus interminables horas huyendo de su vida por las calles.

Quizás fue el amarlo demasiado. El querer lo mejor para él y para su futuro. Tanto que junte mis sueños con su presencia. Yo quería amarlo de verdad. Lo juro. Quería que saliera adelante, que fuera fuerte, independiente, sin deberle ni un peso a nadie,  quería el mundo entero para él.

Nunca lo pude hacer, él nunca entendió esas cosas. Creo que ni en los días de hoy lo logrará comprender. El tiempo era mi única esperanza. Él fue mi vida, mi amor. Mi familia y mi amigo. Un hermano y amante.  Siempre le ame cómo nunca lo había logrado, hice todo lo que podía por él y por nosotros, recordar desde que amanecíamos en los paraderos a las ocho de la madrugada salvándonos la risa, hasta las veces en que sé le olvidaba tomarme de la mano.

Nunca vio esos detalles que a mi me hacen vivir, ahora sólo miro el reloj esperando que algún día le reboten las palabras, después de todo, el amor que le tengo lo resguardo, por que él tiene un ángel que lo cuida desde el cielo.

Recuerdos de una mente malgastada.

¿Recuerdas que te gustaba vestir de rosado? ¿Andar por el pasto a pie descalzo, jugar con las flores y hacer burbujas de jabón? Esperabas el atardecer y leías un libro para olvidar por un rato lo feliz que era el mundo sin que nadie hiciera daño.

¿Recuerdas que te gustaba cantar? Pasabas horas en la guitarra, con esa voz que tienes que es bastante especial. También te gustaba pintar, correr por toda la casa, gritar mi nombre cuando te quitaba un pincel, Te gustaba comer frambuesas con leche condensada, salir a buscar moras y hacer un pastel. Coleccionabas flores secas en una agenda de un año añejo. Usabas el pelo suelto, corto, y parejo. Negro.

Siempre sonreías, disfrutabas tanto del campo como yo, en verano te subías en el columpio y te hacía llegar al planeta que quisieras, y en invierno abrigarnos juntos en la estufa para no perder el calor.

Bailabas ballet, eras una princesa en puntitas. Cuando llegaba de sorpresa abrías la puerta feliz porque sabías que siempre te llevaba ese pastel de limón que tanto te enamora. Te gustaba comer manzanas con sal y mojarme la camisa cuando regabas las flores. Hablar de las plantas, de los colores, de tus gatos, y sólo conversar.

Me gustaba verte caminar. Cuando tus manos como pluma se movían. Cuando mirabas para atrás y me sonreías sin temor. Verte bailar y cantar. Correr tras de ti, comer pie de limón y ordenan tus libros por cantidad de paginas y tamaño. Oler el perfume de tu armario, sacarte fotografías, husmear en tu ropa limpia lo que falta y lo que te podría obsequiar. Abrirte las cortinas apenas llegaba a tu habitación, saltar sobre ti y hacerte cosquillas. Me gustaba escucharte reír, encontrar películas en casa e ir por palomitas y tener una tarde sólo para los dos.

Me gustaba notar lo que nadie nota ahora.

El porque te duele tanto la soledad.

El porque huyes de la personas

El porque le tomaste el gusto a escribir

Sabiendo el daño que te hacía.

Me gustaba leerte en cada oración, escuchar y tratar de entender el porque te sentías mal contigo misma, el porque siempre has tenido ese miedo a morir que nadie entiende. Escuchar tus conversaciones sobre cuestiones que yo en la vida había oído, y sentir el raro de las palabras que usaste. Me gustaba amarte en plenitud. Sin que nadie te estorbase, porque sólo éramos los dos, tú me tenías a mí y yo te tenía a ti. No había nadie más.

Me gustaba hacer todo pensando en ti, hasta olvidarme de tu nombre. Hasta olvidar que nadie te va a volver a amar así. Hasta saber que tu color favorito nunca ha sido el blanco. Menos el gris. Que te gusta más el chocolate de leche que el amargo, que nunca has escrito por gusto, sino por mera desesperación.

una de piratas, el comienzo.

Tortuga, estamos en tortugas. Donde una mujer si no es prostituta es esclava, dama de compañía o simplemente alguien más de mal augurio.   Su cabello era negro azabache y se adueñaba del piso en el que estaba tumbada. ¿Qué hacia una mujer acá? El asombro era tal que cada habitante del bar saco su arma en dirección a quien sea.

He marica, le dije fuerte al que le señalaba la sien  ¿quieres seguir con esa mala suerte en las aguas? No vuelvas a tocar a esta mujer, es esclava de mi navío, déjala en paz-

& en ese momento, después de decir tal incongruencia, con un silencio previo, y un estruendo diminuto, comenzó el sonar de las balas. Los vasos de ron por el suelo, yo sólo la cargué en mis hombros y corrí como un cobarde hacía la salida del bar.

Hay la conocí. No quería encontrarla de tal forma. Maldito mi destino, Mañana no pasaré por el bar señor, debo entregarle unas cuantas almas a mi capitán. Sino esa mujer de la que le estoy hablando me matará. en un par de días tocaré este puerto, hay le explico porque sus ojos me dejaron de esta forma.

otro día ya va. ¿sírvame otra jarra? Ya falta poco para que se me caliente la piel. He de tenerla a ella entre mis brazos aun, Quiero sentirla una vez más, como aquella vez en que la tome desde las caderas para sacarla del bar, sus puñetazos me golpeaban la espalda y su cabello me impedía avanzar.

 Al salir del bar la lleve sobre mí hasta la bahía. Comenzaba el atardecer, la noche se preparaba para el espectáculo con los millones de barcos presentes. Cada uno con su Asta para tocar con más mentiras el cielo. ahí la bajé. Ni siquiera me miró, se acomodó la capucha y se dispuso a caminar. ¡ay de mí! Malditas caderas. ay de mí ese rostro.

 Espera, le grite en cuanto se apresuró a caminar. ¿A donde vas? sólo me daba la espalda, y en cuanto me miro y se dio la vuelta para hablarme, otra sorpresa me lleve capitán. Su ropa ajustada y gastada, un corsé que se adueñaba de su cintura. Un pañolin sobre su cabellera, un cinturón de cuero rodeando su cadera, un arma entre él y un par de botas largas eran su ropaje. Todo como buen bucanero.  aveces las princesas visten así sólo por capricho. sólo que en ese caso las armas están de más.

 Me sonrío. Ella no, no era ninguna pirata, lo sé bien. Nadie me viene con cuentos a mí. ¿Quien eres? Le dije mientras se abrochaba el cinturón. Ágata me dijo, y en ese instante reviví. Creo que no le he contado el porqué de su nombre. Ágata tercera, se escribía con tres franjas como la letra i. y esos raros números le trajeron el peor de los males hasta su tumba.

la leyenda de Astral, un día de lluvia, un año no muy añejo, el mar encarnó. Creó al único ser capas de socorrerse junto a las aguas cada vez que lo necesitara. Era Astral, dueño del navío mas fuerte sobre las aguas; oscuras y blancas, tranquilas y bravas. Era dueño de cada orilla y cada oleaje. Muerte y vida, mar y agua. Dicen también, que aquel ser se enamoró, como cualquiera de nosotros. El mar se enamoró, y de una simple marinera que cumplía su labor ahuyentando a ladrones de los mares. Su nombre era Ágata también, pero a su nombre sólo le seguían dos franjas con forma de i.

 Hubiese deseado que la mujer que tenía en frente no fuese su hija. Debo mil favores, correspondo millones de litros de ron, he de entregar todos mis tesoros a mis tripulantes y tuve que buscar una mujer por encargo que hay encontré. La hija del mar. Ella era ágata tercera, lo recuerdo muy bien.

 Le pedí que me acompañara. Que buscaba gente tenaz para mi nave y ella cumplía con esa virtud. Pirata lo es. Ella, después de no saber nada de mi estaba en mi barco. ¿viajas? le pregunte. Sólo larguémonos de aquí me respondió. No sé como logré amar a alguien así. En ese momento zarpamos, cosa de la cual puede que me arrepienta.

Ella era bonita y sutil. No parecía ser quien realmente su sangre heredaba. Ya habían pasado unos días y la tripulación poco a poco fue acostumbrándose a tener a dos mujeres en la nave. Aparte de ágata viajaba Venus, una más de la embarcación. Ella era una brújula humana, atenta y hermosa, llena de valor. De cabellos marrones y prendas que nosotros mismos le regalamos.

En ese entonces, Ágata era el maldito cuerpo que estaba buscando hace algunos años para obtener de vuelta mi libertad. Ella, sobre su descendencia nada sabía, ni menos que era la mujer que muchos piratas como yo buscaban para salvar y recuperar sus almas, sus vidas y sus barcos. Sólo debía entregársela a Barbanegra, en cuanto supiera de mí. Con eso saldaba mis deudas, cancelaba mis errores y sobre todo, continuaba mis viajes sin tener que compensar almas y trabajar toda mi vida para Astral. odio recordar mi trabajo.


Tenía personalidad fuerte, le gustaba ganarle a las sirenas.  A los días de tripular juntos me dijo que buscaba a su madre, quise morir ahí mismo, o decirle que su madre esta muerta, o creer en la esperanza de ella y sus palabras de que aun esta con vida.