una de piratas, el comienzo.

por Sofia amanda

Tortuga, estamos en tortugas. Donde una mujer si no es prostituta es esclava, dama de compañía o simplemente alguien más de mal augurio.   Su cabello era negro azabache y se adueñaba del piso en el que estaba tumbada. ¿Qué hacia una mujer acá? El asombro era tal que cada habitante del bar saco su arma en dirección a quien sea.

He marica, le dije fuerte al que le señalaba la sien  ¿quieres seguir con esa mala suerte en las aguas? No vuelvas a tocar a esta mujer, es esclava de mi navío, déjala en paz-

& en ese momento, después de decir tal incongruencia, con un silencio previo, y un estruendo diminuto, comenzó el sonar de las balas. Los vasos de ron por el suelo, yo sólo la cargué en mis hombros y corrí como un cobarde hacía la salida del bar.

Hay la conocí. No quería encontrarla de tal forma. Maldito mi destino, Mañana no pasaré por el bar señor, debo entregarle unas cuantas almas a mi capitán. Sino esa mujer de la que le estoy hablando me matará. en un par de días tocaré este puerto, hay le explico porque sus ojos me dejaron de esta forma.

otro día ya va. ¿sírvame otra jarra? Ya falta poco para que se me caliente la piel. He de tenerla a ella entre mis brazos aun, Quiero sentirla una vez más, como aquella vez en que la tome desde las caderas para sacarla del bar, sus puñetazos me golpeaban la espalda y su cabello me impedía avanzar.

 Al salir del bar la lleve sobre mí hasta la bahía. Comenzaba el atardecer, la noche se preparaba para el espectáculo con los millones de barcos presentes. Cada uno con su Asta para tocar con más mentiras el cielo. ahí la bajé. Ni siquiera me miró, se acomodó la capucha y se dispuso a caminar. ¡ay de mí! Malditas caderas. ay de mí ese rostro.

 Espera, le grite en cuanto se apresuró a caminar. ¿A donde vas? sólo me daba la espalda, y en cuanto me miro y se dio la vuelta para hablarme, otra sorpresa me lleve capitán. Su ropa ajustada y gastada, un corsé que se adueñaba de su cintura. Un pañolin sobre su cabellera, un cinturón de cuero rodeando su cadera, un arma entre él y un par de botas largas eran su ropaje. Todo como buen bucanero.  aveces las princesas visten así sólo por capricho. sólo que en ese caso las armas están de más.

 Me sonrío. Ella no, no era ninguna pirata, lo sé bien. Nadie me viene con cuentos a mí. ¿Quien eres? Le dije mientras se abrochaba el cinturón. Ágata me dijo, y en ese instante reviví. Creo que no le he contado el porqué de su nombre. Ágata tercera, se escribía con tres franjas como la letra i. y esos raros números le trajeron el peor de los males hasta su tumba.

la leyenda de Astral, un día de lluvia, un año no muy añejo, el mar encarnó. Creó al único ser capas de socorrerse junto a las aguas cada vez que lo necesitara. Era Astral, dueño del navío mas fuerte sobre las aguas; oscuras y blancas, tranquilas y bravas. Era dueño de cada orilla y cada oleaje. Muerte y vida, mar y agua. Dicen también, que aquel ser se enamoró, como cualquiera de nosotros. El mar se enamoró, y de una simple marinera que cumplía su labor ahuyentando a ladrones de los mares. Su nombre era Ágata también, pero a su nombre sólo le seguían dos franjas con forma de i.

 Hubiese deseado que la mujer que tenía en frente no fuese su hija. Debo mil favores, correspondo millones de litros de ron, he de entregar todos mis tesoros a mis tripulantes y tuve que buscar una mujer por encargo que hay encontré. La hija del mar. Ella era ágata tercera, lo recuerdo muy bien.

 Le pedí que me acompañara. Que buscaba gente tenaz para mi nave y ella cumplía con esa virtud. Pirata lo es. Ella, después de no saber nada de mi estaba en mi barco. ¿viajas? le pregunte. Sólo larguémonos de aquí me respondió. No sé como logré amar a alguien así. En ese momento zarpamos, cosa de la cual puede que me arrepienta.

Ella era bonita y sutil. No parecía ser quien realmente su sangre heredaba. Ya habían pasado unos días y la tripulación poco a poco fue acostumbrándose a tener a dos mujeres en la nave. Aparte de ágata viajaba Venus, una más de la embarcación. Ella era una brújula humana, atenta y hermosa, llena de valor. De cabellos marrones y prendas que nosotros mismos le regalamos.

En ese entonces, Ágata era el maldito cuerpo que estaba buscando hace algunos años para obtener de vuelta mi libertad. Ella, sobre su descendencia nada sabía, ni menos que era la mujer que muchos piratas como yo buscaban para salvar y recuperar sus almas, sus vidas y sus barcos. Sólo debía entregársela a Barbanegra, en cuanto supiera de mí. Con eso saldaba mis deudas, cancelaba mis errores y sobre todo, continuaba mis viajes sin tener que compensar almas y trabajar toda mi vida para Astral. odio recordar mi trabajo.


Tenía personalidad fuerte, le gustaba ganarle a las sirenas.  A los días de tripular juntos me dijo que buscaba a su madre, quise morir ahí mismo, o decirle que su madre esta muerta, o creer en la esperanza de ella y sus palabras de que aun esta con vida.

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