Tenemos un ángel en el cielo.

por Sofia amanda

Lo conocí un día de abril en una lluvia tediosa. La gente andaba de lugar en lugar buscando su sitio. Ahí por esas fechas lo conocí. Recuerdo su voz débil y sus ojos negros, cómo una pepa de aceituna, pequeños, cómo si le diera miedo mirar. Tenía el peso de perder siempre sobre los hombros, el cargar culpas de más. Era un niño en el cuerpo de un hombre, un niño que nunca supo que hacer.

Era alto. Arrastraba los pies al caminar. Sus ojos caídos era graciosos y una burla escucharlo reír. Los gestos que hacía con sus cejas mientras contaba sus historias. Él era especial, tan bueno que los errores que cometía no parecían adrede.

Tenía gustos raros, igual que yo. Pasaba horas tras el computador por una nota perfecta. La música era su única pasión. Escribía también, pero de una forma muy distinta a la mía. El era especial de cualquier modo. Prefería hablar del presente, de hoy, de fluir y dejar que las cosas pasen porque si y porque no. No le tomaba el peso a ningún problema, él sólo decía, -todo va a estar bien-

Nunca entendí el porque no pude amarlo bien. El porque sostenía su mano con tanta fuerza, el porque quería sus miradas esté sólo para mi. El porque odiaba sus tiempos tontos, sus angustias y penas etáreas, sus interminables horas huyendo de su vida por las calles.

Quizás fue el amarlo demasiado. El querer lo mejor para él y para su futuro. Tanto que junte mis sueños con su presencia. Yo quería amarlo de verdad. Lo juro. Quería que saliera adelante, que fuera fuerte, independiente, sin deberle ni un peso a nadie,  quería el mundo entero para él.

Nunca lo pude hacer, él nunca entendió esas cosas. Creo que ni en los días de hoy lo logrará comprender. El tiempo era mi única esperanza. Él fue mi vida, mi amor. Mi familia y mi amigo. Un hermano y amante.  Siempre le ame cómo nunca lo había logrado, hice todo lo que podía por él y por nosotros, recordar desde que amanecíamos en los paraderos a las ocho de la madrugada salvándonos la risa, hasta las veces en que sé le olvidaba tomarme de la mano.

Nunca vio esos detalles que a mi me hacen vivir, ahora sólo miro el reloj esperando que algún día le reboten las palabras, después de todo, el amor que le tengo lo resguardo, por que él tiene un ángel que lo cuida desde el cielo.

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