El control racional del oficio de escribir.

Mes: marzo, 2013

El último vals antes de partir.

Entenderme las palabras nunca fue fácil, se te fue imposible. Nadie nunca lo hizo, no serás el primero con la poca fuerza de tus labios. Tantas cosas hice mal, que quien debe pedir disculpas soy yo. Suspicacia. Errar porque sí para el control del oficio. No vengo con poesías, la prosa es lo mío y te dejo a ti el trabajo de enmudecer tontos analfabetas.

Desde la lucidez del día marcando pestañas; Quemantes. Hasta el ciego resplandor de las noches divinas. ¿Cuánto le falto a tu tesoro para completarte el ego durmiendo en las nubes? El cuerpo y alma pura de una pena vana. El color/negro de un par de ojos carnales. Con eso te bastó.

Disfrutas tanto la pena misma. Carroñero de pieles que quieren narrar. Tipos como tú sobran en estas vías. Afortunado tú de llorar a gritos. De perder algo que si era tuyo, de autocompadecer tus delirios y sueños que se frustran con la verdadera realidad. No serías nadie sin un aliento fresa.

¿Alguna vez hiciste algo de corazón, sin que recompensarte fuese necesario?

Soy yo la que borra páginas. Soy yo lo transversal. Soy yo la vida eterna en par de letras y latidos ¡Sigue demostrando retrogrado en tus respuestas penumbras! ¡Olvida qué sé tus interrogantes! ¡Olvida qué se todo de ti! Olvida qué espero siempre lo mejor del karma para tus futuros, que aprendas a errar con amor y no con recelo, que levantar lo ojos y al mirar a tu mujer no sea doloroso,  más bien algo a la par.

Emprendo vuelo al descenso. A la despedida cliché de los cuentos rosas. El dolor ya está estampado en las cientos de lágrimas. Las gracias dadas y los perdones olvidados. Las promesas rotas y los saludos muertos. Dejo para ti un par de alas en herencia de mis males, del este color cambiante que mis ojos llevan con firmeza. Para que alcances tu ángel, para que seas feliz, le digas que di todo por ti, pero caí.

 

Ese era su nombre
yo la ame como loco.
Ella me amo como a nadie.
Ágata carmín, tu aroma se arrebató sin dueño de mis labios.

 

Amando a alguien que nunca existió.

De ojos azules, un cabello negro envidiable y un par de piernas hasta el piso. Entretenida, jugaba a volar cada noche luego de clases entre humos y drogas baratas. Una mujer ideal con una mente risueña.

¡Te acompañaría al fin del mundo si se lo pidieras!

Cristóbal se subió el cierre del pantalón, sonrío al espejo y en cuestión de segundos tomo su mochila y camino al colectivo. Olvido avisar que saldría, que llegaría más tarde  y que le faltan monedas para volver a casa. Pero eso a él nunca le importó. Estupideces baratas que se compran con perdones, un viaje a casa y un corazón rosado por el teclado. Él y su novia discutieron toda la noche anterior, el dolor del tiempo ya marcaba su relación. Un par de errores y las palabras dolían más que las ausencias. Cristóbal era un joven libre y apasionado, ella su mujer, una joven estructurada y soñadora. Era tan difícil verlos vivir que nadie entendía las fuerzas de estar juntos.

Pero eso a él nunca le importó. Las constantes peleas, el dolor de llorar y el amor no correspondido tenían una recompensa. Él se distraía entre humos y drogas baratas. Entre conversaciones entretenidas y un par de ojos azules que lo acompañaban hasta en los juegos más tontos de la Web. Coreaban las mismas canciones, reían los mismos chistes y su gusto por lo apocalíptico era un imán de conversación.

 Él pasaba horas con ella, entre humos y drogas baratas.

Feliz ahí nadie le molestaba, y un par de risas de esa mujer que más que molestarlo, se le hacía placentero.

Los días de sol caminaban hasta despedirse, los días de luna, hasta que ella pudiese ver su hogar. Cristóbal tenia un escape de vida, alguien que le entendía hasta las borracheras porque si. Siempre sobre su cama, luego de despedir a la niña cerca de su casa, pensaba en su mujer, ella tan diferente, recordaba sus regaños y el dolor en cada pelea. Él no se merece eso. ¿Porque lo tolera? No lo sabe, y su mente se difumina recordando la invitación a fumar de su incondicional amiga.

Cristóbal se enamorará.

Él merece una mujer de su altura y con sus mismas risas. Que lo acompañe a ver la soledad de ese punto que el tanto ama y que lo entienda bien, que siga su camino, no que busque perfecciones para él, que fluya, que viva el día a día, que no le preocupe en lo absoluto el futuro  Que lo acompañe a sus bohemias tontas, esa es la niña para él.