Esperanza amor mío.

Poniente carmín, el ocaso ataca siempre a los ídolos. A los recodos, a los angulares. Si el poniente fuera amoroso, me olvidaría de las lluvias sin sol y de las madrugadas. Quedaremos ahí, en un matorral que tenia nuestros nombres, en un puerto lluvioso que pudo ser también un umbral de lunas esplendidas. Que nuestro amor siempre sea así, tedioso y grotesco, para que cuando deba arrepentirme del pasado, este sea mi mayor tesoro a narrar.

No haré funeral de los pleitos, ni menos de un número acrobático en busca del perdón. Si pretendo conquistar, mis labores son actuar sin remordimientos y entregar. El amor se trata de aquellos que no conciernan las mandas, que aman de más y buscan en todas partes obviar algo que nunca existió. Trata de caer en lo absoluto, de perderse porque si, y querer regresar a los brazos fuertes de un concilio.

El amor es entrega y ahí me quedo, en los puertos lluviosos, en las lagunas de tanto barrial, en los brazos amantes de todas las lunas que pudieron ser. Desde que errar no es costumbre, hasta aceptar todas las culpas que alguien te quiso compartir. Esperanza amor mío, el amor es entrega al sonreír en todos estos ocasos, en donde al soltarnos las manos y caminar, caeríamos en lo absoluto, en el desmorono de sólo besarnos y nada más.