El control racional del oficio de escribir.

Mes: junio, 2014

De piratas, escenas finales.

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[…] Ya en el suelo subió la vista, arribó su rodilla izquierda, y de un salto lento y cansado se fijó en su adversario. La lluvia sobre el mar era en sus oídos, un tripulante músico más. Ni negro, el cielo ya es gris. Llovía sobre su frente, mientras que en sus dientes se gritaba rabia de años en malestar. No dolía ningún rasguño sangriento, en Staley no dolía ninguna herida, menos en el rostro. Rosando el viento se declaró sabiendo ya; que ésta sería la última de sus luchas. Sus manos apretaron su espada, y levantándose del suelo poco a poco se rindió a su orgullo de ser. Se dirigió a él,  a quien debió dar muerte años atrás, – ¡¿Cuánto tiempo mentiste para que te trajera yo las almas que le debías a barba negra?! Gritó. Todos los tripulantes y saqueadores del Victoria, observaban con cautela y en silencio. Uno de los dos debía morir ahí. ¡¿Para que papá!? ¡Nunca fuiste libre!

Segundos dieron para que ambas espadas sonaran entre si. Sus cuerpos frente a frente, fuerza de sangre traicionada. Amor y guerra bailando. El vaivén de las espadas era una lucha a muerte sin regreso a ningún calabozo.

La espada de Staley soltó su mano, cayó por el abordaje y tocó la superficie del mar. Dolor, no hay más dolor que perder. No hay más guerra ya. Miraba fijamente a su adversario, su padre, quien ya le señalaba el cuello con su espada, sus pupilas dilatadas, el entrecejos odiando cada centímetro de la muerte. No merecía una simple espada. Su cuello tenía más historia que contar, no podía terminar así.

Claro que no pensó el padre, cortar el cuello de su misma sangre con una espada que no fue fundada para eso no va al caso. Cambio de mano, Ahora era un revolver apuntando la sien de su primogénito.

-¡Pirata! La voz del menor se rasgaba con la pena ¡Asqueroso pirata! Siempre me diste ese nombre hijo de las mil putas ¡mi madre te amo tanto cómo al mismo mar! Gritaba sin consuelo ¡Barba negra fue el único que escucho tus patéticas suplicas! ¡¿Por qué hablaste de Ágata con él?! ¡A ella no le tocas ni un sólo pelo!

 Una joven lágrima se escapó, y se rasmilló la cara con la mano intentando sacudirse las penas. – Era tu plan de mierda- sollozó – devuélveme a Ágata y haz conmigo lo que se te plazca.

-¡es ya tiempo de tu muerte, pequeño!- el mar gritó en un par de senos femeninos desde la esquina del barco. Los botines saltaron al paso de las piernas más buscadas del océano. Un tesoro vivo y febril caminó entre la multitud. Sus tacones raspaban la madera vieja, y su cabello negro flameaba versátil puesto en magnitud. Intocable, la segunda, Agata segunda estaba de paso en el viaje del Victoria a luz. Ahí sin remordimientos, la madre de la leyenda tercera frente a frente se abrió camino en contra del pirata sentenciado. Nadie lo dudó, era ella, la segunda, cobrando el destino de ser la madre de un mito, de algo que nunca debió existir.

Fue ahí cuando Staley supo de su fin. Una mujer que dominó a su padre, a las aguas de Astral, y pisa el barco expuestamente de barba negra. En frente de sus ojos, con el carmín usual de su nombre; – Eres el pirata más imbécil que se pudo interponer en nuestros  motines- Lo miró con rabia de pie frente a él. ¡Infeliz, tus planes son absurdos, muérete con tu barco, con tu prostituta! Le dio la espalda al padre y habló brutal – Simón sólo falta tu tarea, haz lo tuyo-

Amaneció. Las lágrimas de la tercera limpiaban la mugrienta escena a lugar. El sentenciado desde sus rodillas escuchaba sus lamentos. Tenía a su padre frente a sus heridos ojos sangrantes y nada ahí podía cambiar el destino. Simón escuchó, encabezó el filo de su espada contra el cuello de su hijo y sin virtud presionó.

-¿serías capaz de matar a tu propio hijo? Susurró ronco, mirando el suelo de su muerte- claro, le respondió sin dudar un segundo perdiendo los ojos.

-Sería una inspiración inmensa-

Y cortó.

Sin escritos y agonía.

Dibujo

A larga espera, largo triunfo. Que la agonía no sea eterna ni menos propuesta. Las prosas siempre buscan al letrista perfecto, al desvalido, al que se queda sin contar nada y escribe igual. Soy empedernido, si pudiera elegir vivir sin escribir estaría de bancario, o por algún libro de autoayuda. Menos merezco el titulo de artista sobresaliente, porque el arte es perfección y las miles de maravillas de mis dedos son meros ensayos.

Cómo yo, hay cientos de escritores que pueden crear los versos mas tristes esta noche, y subirlos a la web. Pero nadie los más alegres. Es tan mecánico escribir; sentarte, tomar un lápiz, o un teclado y en términos mediocres “fluir”. Tontera de los tiempos, fluir no es perfección.

Si yo pudiera en este momento; titubearía a cualquier nobel que pasó por estas agonías llenas de sarcasmo y sobrevivió. Ignoró la ausencia de la musa, la extrañó, la lloró y continuó su camino.  Porque a veces es mucho más fácil vaciarse una caja de vino barato, calcular el momento en que comenzamos a marearnos y escribirle al amor no correspondido. El mundo te dirá “pero que profundo, que delirante” cuando las penas de amor se convierten en el mejor aliado del escritor de pasatiempos.  Pero el pasatiempo no es perfección, y las penas de amor son tan mediocres como el que las provoca. las novelas rosas, el amor perdido, aplausos que buscamos, likes que necesitamos.

Pero no, las agonías son más fuertes, no esperan, viven conscientes en cada acción del día, en cada sueño de noche. Me prohíben los cuentos cortos, y no pretendo escribir más si sólo se competa en cartas de amor, de destinos malditos, o de un borracho cualquiera frente a un borrador.