El control racional del oficio de escribir.

Es peor sentirse que estarlo.


Llegué a su casa de sorpresa antes de la media noche, una amiga siempre tiene tiempo para conversar de cosas que sólo a una amiga le interesan. ordenaba sus libros, desde el comedor al segundo piso de su habitación no se podía caminar. en fin, su casa es mi casa y serví café. siempre llegaba ahí cuando sabía que algo andaba mal, que algo yo misma no sabia verbalizar o cuando me sentía aparte, más bien sola.

Era mi amiga si, pero nunca me miraba de frente, siempre escondía sus ojos en algún techo fascinante. al fin y al cabo, uno se acostumbra a la ausencia, pronunció, a guardarse rutinariamente el dolor de ver cosas de más. cuando llegas a ese punto- me miro- las cosas ya no duelen tanto, te conviertes en una maquina de escribir, algo útil para ti misma.

Siempre es lo mismo, contar historias para que alguien por ahí te escuche, no sentirte más sola de lo que estas,  escribir, leer, tomarte un chocolate caliente al lado de la estufa. siempre es así  las cosas no van a cambiar si te pones a lloriquear y esperar que ese, el te hace compañía valla por papas fritas, algo dulce no sé, rió, aya tú con tus gustos afeminados.

Se detuvo y tomó un sorbo de su café, es dinero, es el trabajo. El desempleo dijo, el verte al espejo y sentir tus ojos bordear fuerte tus ojeras, es, dejo su café sobre el plato y termino, es ver cómo ya no eres capaz de sentir nada, ni siquiera dolor ¿cuantas veces te has arrullado en tu cama, a llorar toda una noche porque no sonó el celular? ¿una? ¿dos? yo perdí la cuenta. Se hecho a reír y saco un paquete de algunos dulces raros. ¿Cuántas flores han llegado de sorpresa a tu hogar para alguna ocasión en la que vestiste bonito? ¿una? ¿dos? Era gracioso ver cómo exclamaba eso con una gran sonrisa mientras se tragaba sus dulces, !yo perdí la cuenta! y ninguna de ellas era de parte de mi esposo.

Cuántas veces sientes que no eres de esta cuidad, de este país, de este planeta? ¿ Cuántas veces te da por llorar sólo porque nadie entiende que ya no puedes amar como antes? que ya no puede sonreír igual, que todo te desgasta que nadie nada compensa nada. Es curiosos vernos y saber que hay alguien de nuestro lado y estar sola igual. y es divertido ver como la  única forma de sentirte bien es hacer algo por ti misma, no cómo terapias ni libros de auto-ayuda y tonteras así, sino algo sólo para ti.

Cuando te sientas sola recuerda que todas las mujeres lo estamos, no conozco ninguna mujer casada que sonría con la misma fuerza de un hombre que acaba de comprarse un auto cerco km convertible. De seguro hay excepciones, yo no lo soy, de seguro tu tampoco, a veces sólo preferimos quedarnos en casa y hacernos la manicure, pintaros el cabello, o ir por alguna amiga tomarnos un café y llorar en silencio, cómo de costumbre.

Tenemos un ángel en el cielo.

Lo conocí un día de abril en una lluvia tediosa. La gente andaba de lugar en lugar buscando su sitio. Ahí por esas fechas lo conocí. Recuerdo su voz débil y sus ojos negros, cómo una pepa de aceituna, pequeños, cómo si le diera miedo mirar. Tenía el peso de perder siempre sobre los hombros, el cargar culpas de más. Era un niño en el cuerpo de un hombre, un niño que nunca supo que hacer.

Era alto. Arrastraba los pies al caminar. Sus ojos caídos era graciosos y una burla escucharlo reír. Los gestos que hacía con sus cejas mientras contaba sus historias. Él era especial, tan bueno que los errores que cometía no parecían adrede.

Tenía gustos raros, igual que yo. Pasaba horas tras el computador por una nota perfecta. La música era su única pasión. Escribía también, pero de una forma muy distinta a la mía. El era especial de cualquier modo. Prefería hablar del presente, de hoy, de fluir y dejar que las cosas pasen porque si y porque no. No le tomaba el peso a ningún problema, él sólo decía, -todo va a estar bien-

Nunca entendí el porque no pude amarlo bien. El porque sostenía su mano con tanta fuerza, el porque quería sus miradas esté sólo para mi. El porque odiaba sus tiempos tontos, sus angustias y penas etáreas, sus interminables horas huyendo de su vida por las calles.

Quizás fue el amarlo demasiado. El querer lo mejor para él y para su futuro. Tanto que junte mis sueños con su presencia. Yo quería amarlo de verdad. Lo juro. Quería que saliera adelante, que fuera fuerte, independiente, sin deberle ni un peso a nadie,  quería el mundo entero para él.

Nunca lo pude hacer, él nunca entendió esas cosas. Creo que ni en los días de hoy lo logrará comprender. El tiempo era mi única esperanza. Él fue mi vida, mi amor. Mi familia y mi amigo. Un hermano y amante.  Siempre le ame cómo nunca lo había logrado, hice todo lo que podía por él y por nosotros, recordar desde que amanecíamos en los paraderos a las ocho de la madrugada salvándonos la risa, hasta las veces en que sé le olvidaba tomarme de la mano.

Nunca vio esos detalles que a mi me hacen vivir, ahora sólo miro el reloj esperando que algún día le reboten las palabras, después de todo, el amor que le tengo lo resguardo, por que él tiene un ángel que lo cuida desde el cielo.

Recuerdos de una mente malgastada.

¿Recuerdas que te gustaba vestir de rosado? ¿Andar por el pasto a pie descalzo, jugar con las flores y hacer burbujas de jabón? Esperabas el atardecer y leías un libro para olvidar por un rato lo feliz que era el mundo sin que nadie hiciera daño.

¿Recuerdas que te gustaba cantar? Pasabas horas en la guitarra, con esa voz que tienes que es bastante especial. También te gustaba pintar, correr por toda la casa, gritar mi nombre cuando te quitaba un pincel, Te gustaba comer frambuesas con leche condensada, salir a buscar moras y hacer un pastel. Coleccionabas flores secas en una agenda de un año añejo. Usabas el pelo suelto, corto, y parejo. Negro.

Siempre sonreías, disfrutabas tanto del campo como yo, en verano te subías en el columpio y te hacía llegar al planeta que quisieras, y en invierno abrigarnos juntos en la estufa para no perder el calor.

Bailabas ballet, eras una princesa en puntitas. Cuando llegaba de sorpresa abrías la puerta feliz porque sabías que siempre te llevaba ese pastel de limón que tanto te enamora. Te gustaba comer manzanas con sal y mojarme la camisa cuando regabas las flores. Hablar de las plantas, de los colores, de tus gatos, y sólo conversar.

Me gustaba verte caminar. Cuando tus manos como pluma se movían. Cuando mirabas para atrás y me sonreías sin temor. Verte bailar y cantar. Correr tras de ti, comer pie de limón y ordenan tus libros por cantidad de paginas y tamaño. Oler el perfume de tu armario, sacarte fotografías, husmear en tu ropa limpia lo que falta y lo que te podría obsequiar. Abrirte las cortinas apenas llegaba a tu habitación, saltar sobre ti y hacerte cosquillas. Me gustaba escucharte reír, encontrar películas en casa e ir por palomitas y tener una tarde sólo para los dos.

Me gustaba notar lo que nadie nota ahora.

El porque te duele tanto la soledad.

El porque huyes de la personas

El porque le tomaste el gusto a escribir

Sabiendo el daño que te hacía.

Me gustaba leerte en cada oración, escuchar y tratar de entender el porque te sentías mal contigo misma, el porque siempre has tenido ese miedo a morir que nadie entiende. Escuchar tus conversaciones sobre cuestiones que yo en la vida había oído, y sentir el raro de las palabras que usaste. Me gustaba amarte en plenitud. Sin que nadie te estorbase, porque sólo éramos los dos, tú me tenías a mí y yo te tenía a ti. No había nadie más.

Me gustaba hacer todo pensando en ti, hasta olvidarme de tu nombre. Hasta olvidar que nadie te va a volver a amar así. Hasta saber que tu color favorito nunca ha sido el blanco. Menos el gris. Que te gusta más el chocolate de leche que el amargo, que nunca has escrito por gusto, sino por mera desesperación.

una de piratas, el comienzo.

Tortuga, estamos en tortugas. Donde una mujer si no es prostituta es esclava, dama de compañía o simplemente alguien más de mal augurio.   Su cabello era negro azabache y se adueñaba del piso en el que estaba tumbada. ¿Qué hacia una mujer acá? El asombro era tal que cada habitante del bar saco su arma en dirección a quien sea.

He marica, le dije fuerte al que le señalaba la sien  ¿quieres seguir con esa mala suerte en las aguas? No vuelvas a tocar a esta mujer, es esclava de mi navío, déjala en paz-

& en ese momento, después de decir tal incongruencia, con un silencio previo, y un estruendo diminuto, comenzó el sonar de las balas. Los vasos de ron por el suelo, yo sólo la cargué en mis hombros y corrí como un cobarde hacía la salida del bar.

Hay la conocí. No quería encontrarla de tal forma. Maldito mi destino, Mañana no pasaré por el bar señor, debo entregarle unas cuantas almas a mi capitán. Sino esa mujer de la que le estoy hablando me matará. en un par de días tocaré este puerto, hay le explico porque sus ojos me dejaron de esta forma.

otro día ya va. ¿sírvame otra jarra? Ya falta poco para que se me caliente la piel. He de tenerla a ella entre mis brazos aun, Quiero sentirla una vez más, como aquella vez en que la tome desde las caderas para sacarla del bar, sus puñetazos me golpeaban la espalda y su cabello me impedía avanzar.

 Al salir del bar la lleve sobre mí hasta la bahía. Comenzaba el atardecer, la noche se preparaba para el espectáculo con los millones de barcos presentes. Cada uno con su Asta para tocar con más mentiras el cielo. ahí la bajé. Ni siquiera me miró, se acomodó la capucha y se dispuso a caminar. ¡ay de mí! Malditas caderas. ay de mí ese rostro.

 Espera, le grite en cuanto se apresuró a caminar. ¿A donde vas? sólo me daba la espalda, y en cuanto me miro y se dio la vuelta para hablarme, otra sorpresa me lleve capitán. Su ropa ajustada y gastada, un corsé que se adueñaba de su cintura. Un pañolin sobre su cabellera, un cinturón de cuero rodeando su cadera, un arma entre él y un par de botas largas eran su ropaje. Todo como buen bucanero.  aveces las princesas visten así sólo por capricho. sólo que en ese caso las armas están de más.

 Me sonrío. Ella no, no era ninguna pirata, lo sé bien. Nadie me viene con cuentos a mí. ¿Quien eres? Le dije mientras se abrochaba el cinturón. Ágata me dijo, y en ese instante reviví. Creo que no le he contado el porqué de su nombre. Ágata tercera, se escribía con tres franjas como la letra i. y esos raros números le trajeron el peor de los males hasta su tumba.

la leyenda de Astral, un día de lluvia, un año no muy añejo, el mar encarnó. Creó al único ser capas de socorrerse junto a las aguas cada vez que lo necesitara. Era Astral, dueño del navío mas fuerte sobre las aguas; oscuras y blancas, tranquilas y bravas. Era dueño de cada orilla y cada oleaje. Muerte y vida, mar y agua. Dicen también, que aquel ser se enamoró, como cualquiera de nosotros. El mar se enamoró, y de una simple marinera que cumplía su labor ahuyentando a ladrones de los mares. Su nombre era Ágata también, pero a su nombre sólo le seguían dos franjas con forma de i.

 Hubiese deseado que la mujer que tenía en frente no fuese su hija. Debo mil favores, correspondo millones de litros de ron, he de entregar todos mis tesoros a mis tripulantes y tuve que buscar una mujer por encargo que hay encontré. La hija del mar. Ella era ágata tercera, lo recuerdo muy bien.

 Le pedí que me acompañara. Que buscaba gente tenaz para mi nave y ella cumplía con esa virtud. Pirata lo es. Ella, después de no saber nada de mi estaba en mi barco. ¿viajas? le pregunte. Sólo larguémonos de aquí me respondió. No sé como logré amar a alguien así. En ese momento zarpamos, cosa de la cual puede que me arrepienta.

Ella era bonita y sutil. No parecía ser quien realmente su sangre heredaba. Ya habían pasado unos días y la tripulación poco a poco fue acostumbrándose a tener a dos mujeres en la nave. Aparte de ágata viajaba Venus, una más de la embarcación. Ella era una brújula humana, atenta y hermosa, llena de valor. De cabellos marrones y prendas que nosotros mismos le regalamos.

En ese entonces, Ágata era el maldito cuerpo que estaba buscando hace algunos años para obtener de vuelta mi libertad. Ella, sobre su descendencia nada sabía, ni menos que era la mujer que muchos piratas como yo buscaban para salvar y recuperar sus almas, sus vidas y sus barcos. Sólo debía entregársela a Barbanegra, en cuanto supiera de mí. Con eso saldaba mis deudas, cancelaba mis errores y sobre todo, continuaba mis viajes sin tener que compensar almas y trabajar toda mi vida para Astral. odio recordar mi trabajo.


Tenía personalidad fuerte, le gustaba ganarle a las sirenas.  A los días de tripular juntos me dijo que buscaba a su madre, quise morir ahí mismo, o decirle que su madre esta muerta, o creer en la esperanza de ella y sus palabras de que aun esta con vida.

Una de piratas.

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Dulce. Ahora es dulce el licor. He de saciarme ahora cantinero, esa es vuestra labor. No me rasga el licor como de costumbre, puesto que olvidar quiero y borrar cada mala racha de este bucanero. ¿Deme uno más fuerte quiere?, un barco de aquellos no se guiara cuerdamente. OH delirante de mí que he perdido mi mayor tesoro. Mis llagas aun guardan el dolor. Venga señor, escuchará el mejor relato sobre las aguas del mar, el peor pirata existente y la más hermosa mujer.

Caminaba tranquila por la orilla. Bailaba como si las mejores maestras de danza hubieran tocado sus pies. Miraba con los ojos del solsticio preciso. Carecía de cordura infinita y brillo fugaz. Derrotada por la pusilánime madurez de su padre, engañada por años sin piedad. Ella era Ágata aún lo recuerdo muy bien.

Todavía el calendario me urge su presencia. Mientras tacho los días, las mareas se hacen más altas. Sobre mi suelo lejos mis pies, sobre vida lejos mi muerte, he de carecer piedad, he de carecer amor pleno. Pero oh mujer, ella era Ágata, lo recuerdo bien.

La recuerdo como si sus uñas aún rasgaran mi espalda. Y sus ojos del más puto océano índigo total, llenaba más que mil mares. Sus cabellos oscuros nos invadía la luz plena. He de quererla ahora mismo, aquí, en el mismo bar donde la conocí.

Quizás que año es, ¿1850? Si al parecer. Mi jarra a medio llenar recuerda millones de fechas menos la actual. Recuerdo mi nombre, recuerdo que he de hacer mañana, durante el día y después. Recuerdo mil errores, recuerdo lo mal que hablaré luego de embriagarme y recuerdo que no quiero recordar. Recuerdo a una doncella que entro vil camuflada por esa puerta de mierda que está justo tras mis espaldas.

En ese instante sentí un aroma tropical que me recordaron las islas del caribe. Aquella donde abunda el ron y las mujeres no cuestan muchos chelines. Mis ojos se desviaron a mi lado izquierdo, una capucha gris cubría un rostro que frente a la barra y a un lado mío se sentó. Pidió ron más suave para su paladar. Marica aquél, osaba pedir suave cuando mi aliento embriagaba. Quería ver su rostro, no, no estaba tan ebrio, sólo quería saber quier es.

Un bar es para hombres. Un bar con mujeres semidesnudas es para hombres. Este puerto lleno de piratas es para hombres. El mar en si es para nosotros, los hombres, y yo sé bien cuando una mujer está a mi alrededor. Mientras miraba mi sucio reflejo en el jarrón, mi cabello ya se tornaba cada vez mas ceniza, largo, uniforme de color. Rasgado por los años. El sujeto que se acababa de sentar a mi lado se levanto, dejo su vaso a medio terminar y trato de marchar. Dejó un olor a pólvora recorriendo mis venas. En cuanto se puso de pie y caminó, tubo la mala suerte de chocar de golpe con otro tipo ebrio que se lamentaba enrabiado por su jarra, ahora vacía.

Imbécil- dijo el ebrio falto de licor. No quise intervenir. Mi mala racha ya ha de conocerse en el lugar y cuando mi nombre, ¡Staley! Y le Sigue un “!está entre combos con un borracho!”  Ya se sabe bien el resultado. ¡Hijo de las mil putas! Volvió a gritar, y esta vez arrojo un puñetazo sin piedad al tipo de capucha que boto licor.  Lo dejó en el suelo delirando, con el capuz abajo y una sorpresa deslumbrante que mostrar.

Wolf.

Glass en mis ojos brillantes, labial de más, piernas valientes y seguras, la noche es mía, soy un depredador. Pasos firmes inundar el lugar con algún recuerdo descolorido. Encuentro fugaz que las estrellas predican, fuertes han de ser mis dientes a par. El hambre está de más si tan sólo eres mi instinto. Velar por tu bien que mis ganas de cazar son tus culpables.

Satúrame música y compás, guitarra y arpa camúflame en el bosque. Sostén mi alma que poco a poco se vuelve animal. Calma mis instintos, calma mi ira, calma mis venas, calma mi emoción.

Y tú esquiva mi mirada, huye de mi que te romperé el corazón sin pensarlo, cuídate de mi que recorro los más temidos valles y recuerdo en tinta todos tus miedos. Huye de mí que te quitare hasta la nostalgia. Huye, corre, hoy me toca destruir.  Hasta tu escape lo calcularé, huelo tu miedo, tus pupilas secas y el sudor de tu frente. estoy muy cerca de ti.

La luna es mi testigo, seguirás huyendo como amante de los rayos del sol. Tus latidos a mil son mi gozo,y tus gemidos de pavor los oiré solo para conformarme.

Aquí te tengo en frente después de ser yo quien era la victima, hoy serás tú el que caerá, tu fin no tiene vuelta. Sostendré tu alma en el hilo del arrepentimiento antes de quebrarte el primer honor, la arrojare a la rama más alta del pino de mi hogar, y le aullaré al eclipse hasta ver de ti mi venganza absoluta, soy un depredador.

Búscame.

Búscame cuando aprendas a no cometer errores fuertes y negarlos con alcohol. Cuando el amarme no sea un pasatiempo de segunda y el camuflarte en mi sombra no sea por necesidad. Cuando nadie te diga como debo actuar para estar acorde a tus principios. Cuando nadie se acuerde de mi, ni de mis derrotas, ni lo de lo cruel que fui. Búscame cuando te falle en tus narices y no seas capaz de decírmelo. Cuando todo te diga que sí, te mentí; y tu de segado te quedes en silencio.

 ¡Búscame cuando te salga la voz ! !cuando grites ella es mía!  !Cuando no sea yo quien te enseñe de amor!

Cuando no destruyas más los sueños rotos ni esperances más mentiras.

Búscame cuando te hayan amado y perdido varias veces, cuando te hayan pisoteado, cuando te hayan mentido, cuando te destruyan el cielo, cuando te corten la ilusión, cuando te sean infiel, cuando se acuesten contigo y con más hombres a la vez, cuando te griten en la cara el desamor que te tuvieron.  Ahí búscame y entenderás porque no soy yo la que da el primer paso.

Cuando no te resignes. Cuando de verdad tengas tiempo para mí.

Búscame cuando tus letras no sólo hablen de ti, cuando no odies el dolor.

Búscame cuando aprendas a mentir.

Cuando la paz me guíe, cuando mi rostro dañino termine de afear, cuando mis fuertes piernas atenúen , cuando mis manos ya no puedan escribir, cuando mi actitud sea basada en mentiras, cuando el mirar de reojo sea por mero recelo. Cuando mis letras sean malas, ahí me encontraras.

 Sólo búscame. Quizás te esperaré.

Casualidad.

A veces me gusta recordarte aunque sea tortuoso, más si el desvelo se hace inminente. Ayer así lo quise, ayer así te busque aunque me doliera el alma y se me trizara la voz. Bonita aquí estoy después de años de mi partida.

No haz cambiado nada, y si lo estás es por mera razón. Tus ojos igual de castaños, tus caderas igual de marcadas y tu piel blanca igual que nuestras fotografías. Quien diría que nos volveríamos a ver. No quiero decir palabras de más, no quiero interrumpir tu vida, sólo quería estar. Vivir ahí un instante de voces, que ellas me digan lo hermosa que estas y lo bien que luce esa cadena de corazón entrando a tu escote. No diré nada, ven aquí y mirarme como de costumbre, has que tus pupilas me digan que fui el infeliz que te saco los cristales del alma, la ternura del corazón e hizo de ti la misma tinta de tus letras.  Con eso duermo conforme.

Esto ya es cliché, ya aburrió mi historia, a nadie ya le importa escuchar nuestras risas y nuestros finales sinuosos. En fin, da igual, hoy te vi bonita, hoy te vi feliz escasa de penas y dolores. Hoy sonreíste porque si y no por mis lamentos, hoy estabas hermosa y radiante, hoy estabas ahí, abrazándolo a él sin siquiera mirarme, sin siquiera acordarte de mi, y eso me hace feliz, porque esa risa no te la quita nadie, esas mejillas carmín nunca se rebozaron tanto y nadie te había sujetando con tanta fuerza como él.

Mis cartas ya no importan, ya nadie las va a leer, sólo quiero que seas feliz tanto como lo fuiste conmigo, sólo quiero que escribas al igual que esas noches de alcohol que nos quitaban la sangre. Sólo quiero que vivas riendo y bailando como todas esas veces en las que vi tus piernas danzar hasta el más mínimo sonido, sólo quiero que cantes igual a las veces en que dejaba fluir la guitarra. Sólo quiero que ames, al igual de cómo yo te ame a ti. Que olvides que te dañe sin remedio y que sonrías como lo haces ahora, bonita, radiante y llena de fe. ¿Sabes por que?, porque nosotros nunca nos diremos adiós.

Ágata es su nombre.

[…]Un paso adentro y ya estaba en su habitación. Todo cálido de tono azul y mosqueta. Su rostro nada más me daba la espalda. Percibió mi ser. Lo sé, sabía bien que estaba cerca, olía mis parpadeos, escuchó la mudes de mis plegarias. Continúo con lo suyo; se miraba al espejo, peinaba su cabello. Igual me miraba desde hay. Observaba cada movimiento que daba. Ahí di pasos de más que me llevaron a su cautivo, su hombro sitió mis narices. A los ojos me observaba por el reflejo del cristal. Dependiente sí; de una piel que no me pertenece. De una mujer que no pretendo olvidar. Quise adueñarme y sentirme señor de esos ojos de mar, de esas manos perdidas. Desde el espejo sostuve su alma, empuñe toda mi ira y mi amor y sólo le toque el hombro. He ahí cuando sus ojos se cerraron, al mismo tiempo en que mi izquierda acariciaba su otro hombro desnudo.

La dibujé, enmarqué el contorno de su piel mientras me deslizaba entre su ropas. Arrebate la prenda hasta descubrir lo que mis ojos no veían. Toqué sus hombros, sus brazos, sus manos, baje hasta sus dedos, sus muñecas, volví a sus codos. Todo lo que vi. Sus caderas, a su cintura, a sus pechos, a su cuello, a su dulce barbilla y a su rostro. Ahí permanecí, en piel de sus recuerdos. Todo está se resumía a sus labios, sus penas, sus enojos, a sus amores que por sus ojos no engañan.

Suspiró mientras mis manos volvían a sus hombros. Los acaricié mientras peinaba su cabello hacia cualquier lado. Quería su espalda, sentir esa piel, está que desde siempre he protegido. Porque ese es el lugar al que he pertenezco, un rechazo de lo común para volver a humillar mi sangre. Un oleaje más fuerte de lo habitual. La besé en el cuello. Volví a sus caderas. Las aprisioné, las lleve hasta mi cuerpo, las amarre con fuerza con mis brazos. Desde hoy mujer, esto me pertenece, y me ha de pertenecer hasta que yo mismo borre estas huellas. Le besé nuevamente, pero esta vez en el hombro, luego baje por su brazo, llegué hasta su mano y la miré. Ella con sus ojos perdidos en sus pensamientos me dijo no me hagas daño por favor, yo no te lo aré; y cómo mi mayor tesoro, la abrasé.  Le dije que tenia que ser fuerte, que hoy, yo, un simple pirata, luchará por ambos siendo sólo uno los dos.

 Buenas noches Staley. Me dijo.

Buenas noches mujer[…]

Somos piel.


El ron tenia un sabor distinto esa noche. Un par de ojos la iluminaban. Se sentó sola a la orilla de la cama, con esa polera de cuello cortado que siempre le sostiene la figura. Ella era la mujer perfecta si tan sólo no te perteneciera a ti.

Siempre con pena, siempre con hambre, siempre con un vacío en el pecho, siempre trasnochando, bohemia y alcohol para ahogarse en lo faltante. Esa noche estuve yo a su lado, un simple amigo que le saco las cartas y le jugo los dados en plena discusión. La vi sola, la vi hermosa, la vi posible.

La vi como una mujer más que podía sanarme la piel por una noche. Cómo ella, sin nombre, acariciándome la sien, besándome el ombligo, yo jugando entre su escote. Da lo mismo el dueño, ella esta aquí ahora junto a mí, abrazándome la noche, quemándome el recuerdo de ellas, todas las que me han fallado.

La besé. Toda la noche la bese, hasta que olvidara el mañana; hasta que olvidara el seguir despierta con tanto ron. La cuide como amiga y amante, la abrasé como mujer linda y desgraciada. La besé como si algún día pudiese ser mía, que nadie me odiaría mañana al despertar, que sostendré su mano y luciré el nuevo trofeo que la vida me lanzó.

La bese como si fuera mi amante, como si fuera mi mujer, no pensé en ti amigo. Ni en los dos, sólo sé que la bese, y deseé besarla el resto de los días sin que pudieras vernos, porque ella es así, tan buena como un tequila, y tan maldita como el ron.